Artículos con la etiqueta ‘muerte’
Sobre la violencia en Nepal
Miércoles, 9 de Abril de 2008
Manifestaciones en Katmandú
Hola amigos.
Hoy, mientras desayunaba, he oído algo que me ha dejado preocupado. Le han dedicado unos 12 segundos a una noticia que, habitualmente, me habría importado un pito pero que, a día de hoy, me resulta sensible. Lo siguiente que he hecho ha sido ha sido conectarme a Internet y buscar información ampliada…
Esto es lo que he encontrado.
Ayer la policía Nepalesa acribilló a balazos al menos a seis Maoístas e hirieron a otros cinco, según fuentes oficiales, durante violentos disturbios entre los partidarios del Congreso de Nepal y maoístas en el distrito de Surkhet.
Además, un candidato del Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista Unificado) en las elecciones para una Asamblea constituyente que se celebran mañana jueves en Nepal murió tiroteado por unos desconocidos
Este no ha sido el primer incidente (aunque sí el primero con repercusión en la prensa española). He encontrado más información sobre otros altercados relacionados con las elecciones de mañana en un periódico de Los Ángeles (maravillas de Internet). Podéis verlo en el enlace: La Opinión
Hay que saber que hasta 2006 Nepal estaba enfrascada en una guerra civil, entre el ejército y un grupo insurgente Maoísta. Ese año se llegó a un acuerdo que terminaría con la guerra y, de paso, se votaría una asamblea en la que se proclamaría la República, después de muchos siglos de monarquía.
Conclusión: Dentro de 170 días 10 horas y 50 minutos despegará un avión hacia Nepal. Lo importante de este hecho es que yo estaré dentro de él… dispuesto a correr una gran aventura. Espero que los disturbios y la violencia terminen antes de que yo aterrice… por el bien de ellos y por mi propia seguridad.
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Sobre el primer Comunista
Martes, 15 de Mayo de 2007
Hola amigos.
Dice un rap de Sabina, del disco 19 días y 500 noches, en una de sus estrofas:
[…]
Y me doy con un canto en los dientes
porque a la presente,
y, cruzando los dedos,
lo puedo contar,
aunque, gracias a Dios,
yo no soy creyente,
con lo que una ha visto,
y que Dios me perdone,
no hay que ser muy lista.
Pa mí… Jesucristo
el primer comunista.
Como te digo una “co” te digo la “o”
[…]
Y, como no, me ha dado que pensar… ¿Fue Jesucristo el primer comunista? Creo que a esta figura histórica se le pueden atribuir muchas cosas, pero la de ser el primer comunista me temo que no. De hecho, los paleontólogos y demás estudiosos afirman que las sociedades primitivas eran necesariamente comunistas. Todos trabajaban por el bien común de la aldea.
Uno que sí era comunista, pero que no lo sabía, era Tiberio Sempronio Graco, de los Graco de toda la vida. Este señor, el mayor de 12 hermanos, vivió en la Roma del siglo II antes de Jesucristo, y tuvo una vida digna de una película de romanos. Además de sus hazañas bélicas en nuestra vieja Hispania, con los numantinos como principales enemigos, dedicó sus esfuerzos como tribuno de la plebe, a una reforma agraria cuanto menos controvertida.
Resulta que las tierras de cultivo, los medios de producción de la época, estaban en manos de unos pocos latifundistas. Estos explotaban los enormes campos con mano de obra barata, esclavos, a los que no tenían que pagar nada y sólo alimentaban y vestían (y no de Giorgo Armani, precisamente). Así que los campesinos libres, que no podían competir con los precios de los latifundios, y la bajada de precios que supuso la deslocalización de la producción a otras tierras más fértiles (Hispania), emigraban a las ciudades a mendigar.
Tiberio se dio cuenta del problema y sacó una ley, la Lex agraria, que pretendía dividir los grandes latifundios ente los ciudadanos más pobres. Obviamente contaba con el rechazo directo de los latifundistas, los cuales empezaron a medrar para terminar con la carrera política de Tiberio. Para los que no estén familiarizados con los procedimientos de la época, terminar con la carrera política de alguien implicaba, necesariamente, terminar con su vida también. Tiberio Sempronio Graco murió de un estacazo en la nuca, junto a 200 o 300 de sus seguidores, cuando se dirigía a presentarse a un nuevo mandato en el senado. Le mató su primo, y latifundista, Escipión Nasica.
La cosa no terminó ahí, ya que Cayo Sempronio Graco, el hermano pequeño de Tiberio, continuó con la reforma agraria hasta que los conservadores latifundistas terminaron también con su carrera política, mientras estaba escondido en el bosque Furrina, junto al Tiber.
Era duro dedicarse a la política por aquella época, ¿no?
Por suerte los tiempos han cambiado y no vemos al señor Rajoy y sus camaradas Acebes y Zaplana, liándose a estacazos a los pies del parlamento con Zapatero y sus amigos, para poner o quitar alguna ley controvertida…
Sed buenos.
PD.- He sacado la mayor parte de la información del libro “HISTORIA DE ROMA”, de Indro Montanelli, libro que recomiendo por lo ameno y fácil de leer que es.
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Sobre Vadim (y 4)
Jueves, 18 de Enero de 2007Hola amigos
El último capítulo de esta historia empieza una tarde tranquila de finales de septiembre del mismo año 1997 del capítulo anterior. Mi madre, me imagino que como todas las madres del mundo, imaginando que su propio hijo se podría encontrar en la misma situación alguna vez, se había preocupado en serio del futuro del ruso en nuestro país. Había llamado varias veces durante las dos o tres primeras semanas al centro de acogida, pero sin poder hablar con Vadim. El aislamiento formaba parte del plan de desintoxicación, le dijeron. A los pocos días Vadim y otro muchacho se habían escapado del campo de concentración con destino desconocido. Mientras continuara así no habría problema.
Así que, retomando la historia, era una tarde apacible de principios del otoño cuando llamaron a la puerta. Pensé que era mi hermano que se había dejado las llaves. La realidad fue muy diferente: Vadim estaba ahí, de nuevo, en la puerta de la calle. Estaba todavía más delgado que la última vez y se le veía muy cascado, casi demacrado. Me dio la sensación de que el verano no había sido demasiado bueno con él, aunque seguía fumando como un cosaco. Llamadme lo que queráis, pero esta vez no le dejé pasar a casa… capaz era de quedarse.
Me contó que el campo de trabajo era lo más parecido a una cárcel de trabajos forzados. Les tenían todo el día haciendo cosas de artesanía para venderlas en mercadillos y puerta a puerta, con la excusa del programa de desintoxicación. Supongo que como él tenía poco que desintoxicar, no le haría demasiada gracia estar allí. Así que se escapó junto con su compinche a la costa de levante, donde podría ganarse la vida más fácilmente durante el verano. Al final terminó de camarero en un chiringuito, sin necesidad de tener papeles o contrato, y durmiendo en la playa. Así había malvivido hasta el final del verano. Ahora no tenía como ganarse el pan y se había vuelto a Madrid. De todas maneras tenía un problema que debía solucionar y venía a pedirnos ayuda.
Su compinche había muerto. No entró en detalles sobre las causas de su muerte, pero nada bueno podría haber detrás de la muerte de un joven de 22 años (de carrerilla se me ocurrieron varias con drogas y ajustes de cuentas como principal exponente). Su problema era que tenía que repatriar el cuerpo de su compañero a Rusia y necesitaba dinero para los trámites. El dinero lo recuperaría en cuanto la madre del chaval le mandara un giro, pero de primeras él tenía que adelantar el dinero. 50.000 pelas de entonces, 300 euracos de ahora.
Efectivamente, a mí también me sonó a cuento chino (o ruso). No sé mucho de leyes, y tampoco me molesté en informarme, pero lo cierto es que me parecía muy raro que hubiera que pagar para repatriar un cuerpo. Supongo que el estado se hace cargo de eso. Me dio más la sensación de que era el primer préstamo de una larga serie de ellos y no me gustó demasiado la idea. Así se lo dije, pero él insistió. Y debió de ser muy convincente, porque mi madre, que como todas las madres del mundo harían, estaba escuchando detrás de la puerta y salió de casa con el dinero en la mano. Se lo entregó y Vadim se fue, con la promesa de devolver hasta la última peseta (en realidad la cosa se alargó un poco más, pero para la historia no es relevante). Esta vez tenía la absoluta certeza de que le veríamos de nuevo, en cuanto el dinero se le terminara y necesitase más.
Pero el tiempo fue pasando y Vadim no aparecía de nuevo. Así como el que no quiere la cosa, pasó todo un año hasta que volvieron a llamar a la puerta con acento Ruso. Y ahí estaba de nuevo el siveriano, fumándose un cigarro negro en la puerta de mi casa. Abrí con suspicacia (y después de decirle a mi madre que no se le ocurriera salir con más dinero) y tengo que reconocer que Vadim me sorprendió: Venía a devolver el dinero prestado en su día (sin intereses, pero algo es algo).
Me contó que había viajado a Rusia un par de veces por el tema de la repatriación del cadáver de su amigo y que desde entonces se había ganado la vida con chapuzas aquí y allá (pero sin entrar en detalles sobre el tipo de chapuzas). Mientras hablábamos me di cuenta que en la esquina de la calle había otro tipo fumando, con aspecto eslavo y mirada torva (no sé si es verdad o no, pero siempre me hizo ilusión usar esta palabra). La situación me dio mala espina. Pero en contra de lo que podáis suponer, Vadim y su amigo se fueron.
Han pasado unos nueve años desde entonces, y no hemos tenido más noticias del chico. A veces me acuerdo de él, sobre todo cuando hablan de Marbella y la mafia Rusa, o cuando dicen en la tele que han encontrado un cuerpo de un eslavo víctima de un ajuste de cuantas… a lo mejor el chico está en alguna parte ganándose el pan honradamente, quien sabe…
Ahora, sí, sed buenos.
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Sobre Vadim (3)
Miércoles, 17 de Enero de 2007Hola amigos.
1997 fue un año tranquilo en el este de Europa. Y en el Oeste, tres cuartas partes de lo mismo. Quitando algún accidente nuclear en Japón y algún que otro problemilla de carácter militar en centro América, podríamos decir que el mundo era un lugar tranquilo donde vivir. En cuanto a mí, habían pasado 6 años desde la fría despedida en el aeropuerto de Sverdlovsk y yo ya no era ese jovenzuelo despreocupado de 16 años, bebedor de vodka barato. Tenía un trabajo interesante, un contrato indefinido y muchas ganas de divertirme.
Retomamos la historia un domingo cualquiera por la mañana de principios de primavera. Había llegado tarde la noche anterior porque había estado de juerga con mis amigos hasta las tantas, tomando (yo) unas cocacolas (estaba en mi gran etapa abstemia de finales de los 90) y era condenadamente temprano, dadas las circunstancias. Pero lo cierto es que mi madre me despertó y eso no era demasiado normal. Sólo dijo “Vadim está aquí” y, como habría hecho cualquier persona abstemia en mis circunstancias, me lo tomé a guasa. ¿Cómo era posible que un tipo del que no había sabido absolutamente nada en 6 años apareciera de nuevo en mi vida? Pero no, Vadim estaba allí, en la buhardilla de mi casa acostado en la cama de los invitados. Subí a verle, salió de la cama en calzoncillos y me dio un abrazo de amigo igual de frío que el último. Estaba mucho más delgado que seis años atrás y fumaba como un carretero tabaco negro.
¿Cómo había llegado Vadim hasta aquí? Esta pregunta sencilla no tenía precisamente una respuesta sencilla. La versión oficial era que Vadim había entrado en un programa de desintoxicación para toxicómanos regentado por un grupo de Jesuitas afincados en Parla. Supongo que el conocimiento del idioma le ayudó a entrar. En realidad el grupo de Jesuitas era una tapadera para la importación de mano de obra barata del este de Europa para un campo de trabajo en la región de Murcia (aunque de esto nos enteramos más tarde). Habían tenido un problema de plazas en su albergue de Parla y Vadim les dijo que tenía unos amigos cerca. Y les condujo a mi casa. Mi madre, en contra de lo que mi padre o cualquier persona sensata del mundo hubiera hecho, se hizo cargo del chaval, le preparó una cama y le dio de cenar. Los jesuitas volverían por él el lunes, para meterlo en el programa de desintoxicación (de trabajos forzados).
Yo le saqué esa mañana a dar una vuelta por el pueblo, para que viera los cambios de los últimos años. Él me preguntaba sobre cosas del país, sobre el precio de la vivienda, y, a las claras, me dijo que quería un trabajo para poder quedarse. Cuando le dije que el trabajo estaba muy chungo, me preguntó por amigas mías que quisieran contraer matrimonio. Vamos, que a mí me costaba horrores conseguir los favores del sexo femenino, y el ruso quería que le apañara un matrimonio… Como no consiguió nada por ese lado, se empeñó en que le llevara a una dirección. Más concretamente a la casa de Maricarmen Muñoz , la chica que conoció 7 años antes en la discoteca y con la que, por supuesto, no había mantenido ningún tipo de correspondencia en todo este tiempo. Pero de la que, curiosamente, guardaba la dirección en un papel arrugado en la cartera.
Y ahí me encontré yo, llamando al timbre de una casa, preguntando a una señora en bata y rulos por una chica a la que no conocía y de la que no me acordaba, y explicándole que el ruso aquí presente la conoció unos años antes y quería verla de nuevo, con el firme propósito de pedirle matrimonio. Supongo que la mujer hizo lo más lógico y nos cerró la puerta en las narices.
La tarde y noche la pasé subvencionándole los tequilas con sprite en el bar de moda del pueblo y, entre tequila y tequila, me contó la historia real de su vida. Resulta que el buen hombre se convirtió en el número 2 de un “industrial” de la zona de Sverdlovsk. Digo “industrial” porque el señor en cuestión murió ametrallado en su coche un par de meses antes. Vadim se vio obligado a huir, dejando a su familia y a una novia bastante guapa en Rusia. Por un contacto en el grupo de jesuitas, un amigo y él vinieron a España con un visado falso con la firme intención de rehacer su vida en nuestras cálidas costas. Necesitaba un permiso de trabajo, o una mujer casadera para no vérselas con inmigración cuando el visado caducara. Así que, resumiendo, la parte positiva de la historia era que no teníamos a un toxicómano durmiendo en la buhardilla. La parte negativa de la historia era que habíamos dado alojamiento a un tipo buscado por la mafia rusa.
A la mañana siguiente mi padre se lo llevó a Parla, al albergue de los jesuitas, para que se lo quedaran para siempre jamás. Algo nos decía que esa no sería la última vez que veríamos al ruso. El hecho de que haya una cuarta entrega de esta historia lo demuestra…
Fin de la tercera parte.
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