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Sobre la Sábana Santa
Miércoles, 15 de Abril de 2009
Parece el negativo de una película
Hola amigos
La semana pasada fue la Semana Santa y millones de españoles decidieron cambiar de sitio donde dormir. Algunos nos quedamos y vimos Espartaco por decimonovena vez en la tele, o escuchamos en la radio a cofrades mayores pidiendo a tal o cual virgen que evitara la inevitable lluvia. Vamos… lo de todos los años.
En otra portada expliqué hace un montón de tiempo cómo se calculaba exactamente la fecha de la Semana Santa, así que no hablaré de ello ahora. En realidad pocas veces nos paramos a pensar lo que se celebra en la Semana Santa. Yo, al menos, no lo suelo pensar. Básicamente se trata de la muerte en la cruz y resurrección de Cristo. La parte interesante es cuando, ya muerto, le bajan de la cruz y le envuelven en un lienzo blanco, supongo que para transportarlo a su tumba. Quedémonos con ese lienzo blanco… porque todavía hoy es conocido como “La sábana Santa”. La Sábana Santa siempre ha tenido para mí un vínculo muy especial.
Gracias a ella suspendí matemáticas de octavo.
Para explicar esto no hay que recurrir a milagros precisamente. Sólo hay que hacerse una idea de cómo era yo de pequeño y lo que no sabía hacer. Sabía matemáticas, pero no sabía callarme. Llegué a un colegio nuevo, con nuevas normas y profesores a la vieja usanza. Entre los profesores destacaba mi tutor, al que llamábamos “el bola”, por una curiosa habilidad que tenía a la hora de manipular sustancias que salían de su nariz. Este buen hombre me daba matemáticas y ciencias naturales, mis dos asignaturas preferidas y en las que solía destacar.
El método pedagógico que seguía este hombre consistía en mandarnos ejercicios seguidos de más ejercicios, mientras él leía el ABC y se rascaba, literalmente, las pelotas. Y cuando tenía que explicar algo, simplemente leía del libro. Así que no es de extrañar que me aburriera mucho en clase. Hasta que llegó un día. El día.
Estábamos en clase de ciencias naturales y la lección iba sobre geología, estratos terrestres y cosas así. El libro decía que para saber la antigüedad de las piedras se usaba una técnica de datación denominada “Carbono 14”.Y, por primera vez en todo el curso, el Bola cambió el método pedagógico: introdujo una acotación. Dijo:
“No hagáis mucho caso a esto. La usaron con la Sábana Santa y no funcionó”
Y ante tamaña desfachatez no pude contenerme. No recuerdo las palabras exactas pero le vine a decir que, en la revista “tal” (seguramente Nature o Muy Interesante, que era las que leía por aquel entonces) había leído un artículo sobre el uso del carbono 14 sobre la Sábana Santa de Turín y que el resultado había sido concluyente: demostraba que la sábana era del sigo XI o XII. En fin… cosas de críos.
Si el profesor hubiera sido un tipo maduro, me habría rebatido, usando una inteligencia ya formada y palabras difíciles. Pero en lugar de eso sólo dijo que me callara. Y, además, por alguna razón, decidió suspenderme sus asignaturas a partir de ese momento.
De haber estado en un colegio de ahora, mis padres habrían ido a protestar. Pero mis padres eran padres de los de antes y, contra todo pronóstico, la frase “Es que el profesor me tiene manía” no daba el resultado esperado. Al contrario: yo era sistemáticamente castigado cada vez que llegaba con un suspenso a casa. Y lo que más me fastidiaba era que los suspensos se daban en mis dos asignaturas preferidas.
Al final me cargó sólo matemáticas para septiembre (debió de parecerle un castigo demasiado grande suspenderme las dos). Y, como no podía ser de otra manera, mis padres me apuntaron a clases de recuperación. De hecho, si no aprobaba esa asignatura no entraría en el instituto, por lo que era vital que la recuperase. Claro que ¿Cómo explicarles a mis padres que yo matemáticas sí que sabía y que todo era culpa del profesor?
En realidad no me hizo falta explicar nada. Lo hizo el profesor de recuperación por mí. A los dos días poniéndome ejercicios, ejercicios que resolvía sin problemas, llamó a mis padres. No se explicaba cómo había suspendido, si sabía todas las matemáticas que un niño de 12 años debería saber (y no es por fardar, pero incluso algunas más). Creo que fue entonces cuando empezaron a creerme.
El examen de septiembre lo aprobé sin problemas. Me pusieron un 5. Pero con tal de no volver a ver a ese hombrecillo patético me conformé.
La Sábana Santa de Turín es una falsificación. Lo digo en voz alta, porque ya no me puede costar repetir curso.
Sed buenos.
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Sobre la Lotería de Navidad
Sábado, 22 de Diciembre de 2007Hola amigos
Cuando era pequeño, me refiero a cuando era MAS pequeño, la Navidad empezaba oficialmente con la lotería de, válgame la redundancia, Navidad, y no como ahora, que empieza más o menos en Agosto. Recuerdo ir hacia la escuela escuchando por la calle la cantinela de los Niños de San ildefonso…”nananaMiiiil Pesetas”, o el estruendo de los bombos dando vueltas. Supongo que forma parte del recuerdo colectivo de todos. También forma parte del recuerdo colectivo de todos el ver a la gente en el telediario dando botes delante de una administración de lotería… como si al tocarte la lotería te dieran un par de zapatillas con muelles en la suela.
Hoy he escuchado el sorteo casi desde el principio y no negaré que tenía cierta esperanza de que delante de la frase “tres millones de Euros” apareciera el número que, cosas del destino, tenía en mi cartera.
Supongo que os habréis dado cuenta de que no me ha tocado, principalmente porque soy incapaz de botar delante de una administración de lotería y escribir al mismo tiempo. Y qué demonios… estaría celebrándolo por ahí en lugar de estar escribiendo delante del ordenador. Cuestión de preferencias, digo yo.
Con las matemáticas más elementales es fácil llegar a la misma conclusión. No me ha tocado porque tenía una única posibilidad entre 85.000 de llevar el gordo. Y esto, amigos, es muy poco probable.
Si alguno mira detrás de un billete de lotería (si no tiene otra cosa mejor que hacer), viene la relación de premios posibles. Insisto que, como no me ha tocado, he estado haciendo números y, bueno, he descubierto quien gana con la lotería siempre. Invariablemente desde que se inventó. Pero no quiero adelantar conclusiones.
Además del premio gordo, hay otros de menos cuantía. Hay un segundo premio, de un millón de Euros. Hay un tercer premio de medio millón de Euros. Dos cuartos premios, ocho quintos premios, 1.774 pedreas de mil euros y otros premios varios como aproximaciones, centenas, cifras finales y reintegros. He calculado que hay 8.499 posibles premios en la lotería de Navidad. Esto hace que tengas una posibilidad entre diez de conseguir un premio (aunque sólo 3 ó 4 sobre 85.000 de conseguir esas maravillosas zapatillas con muelles en las suelas para saltar delante de la administración de lotería).
La única posibilidad de que te toque la lotería en Navidad, seguro, es tener un décimo de cada número. Esto significaría comprar los 85.000 números. Sin entrar en detalles como que sea más o menos posible… sí os aseguro que es muy estúpido. Para comprar un décimo de cada número habría que desembolsar la friolera de 1.700.000€ (85.000×20€). Con esto nos garantizaríamos no sólo que nos tocaría un premio gordo, sino que, además, un segundo, un tercero… todos los cuartos, los quintos, las pedreas, aproximaciones, centenas… nos tocarían todos los premios. Le quitaría ilusión, claro, porque sabrías que te tocaría… pero te asegurarías 1.190.000€ de ingresos… perdiendo “sólo” algo más de medio millón de euros. Un mal negocio… al menos para ti. Pero no para el estado.
Sumando todos los premios posibles por billete y serie surge una cifra astronómica de dinero: 2.201.500.000€ (más de 366.000 millones de las antiguas pesetas). Una pasta, no digo yo que no. Pero si calculamos lo que ha recaudado el estado con la lotería sabremos quien gana de verdad.
85.000 Números x 185 Series x 200€ = 3.145.000.000€
Si a esto le restamos la cuantía de los premios da como resultado que el estado se embolsa con la lotería…
Mil millones de Euros
No en vano se dice que la lotería es el impuesto de los pobres.
Sed buenos.
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Sobre el Dilema del Prisionero
Miércoles, 7 de Marzo de 2007
El prisionero que no delató
Hola amigos.
Supongamos que has sido detenido por la policía por ser sospechoso de haber cometido un delito. Y supongamos también que por el mismo motivo han detenido a otro tipo. La policía no tiene pruebas de que el delito lo hayáis cometido ninguno de los dos, pero lo sospecha. Después de separaros en dos habitaciones diferentes, la policía te ofrece un trato: Si delatas a tu compañero éste será condenado, digamos que a 10 años de prisión y tú saldrás de rositas en ese mismo momento. Ahora bien, este mismo trato le está siendo propuesto a tu colega, con lo que, en caso de que él te delate a ti, serás tú el que cumpla los 10 años de condena o 6 años si os delatáis mutuamente. Sólo en el caso de que ninguno de los dos os delatéis, la condena para los dos será de escasamente seis meses, por un delito menor.
¿Qué harías?
Sin entrar en valoraciones personales (depende de cómo conozcas al otro y lo inclinado que esté para delatarte a ti o no) o de las ganas que tengas de visitar las duchas de la cárcel (y comprobar si es cierto eso que dicen del jabón), la solución a este dilema siempre pasa por delatar a tu compinche. Por una sola razón: si él no te delata a ti (qué majo), sales inmediatamente de comisaría, y si él te delata “sólo” cumples 6 años, en lugar de los 10. Lo mejor para los dos sería no delataros mutuamente, pero entre tú y yo… al otro lo han detenido por delincuente, así que no te puedes fiar mucho de él, ¿no?
Esto, que parece una película policíaca, se conoce como “El dilema del prisionero” y, aunque parezca una tontería, lo usamos con mucha frecuencia en el día a día. Matemáticos que han ganado el premio Nóbel le han dedicado muchos años de estudio, cientos de artículos y multitud de libros. Así que algo tendrá. Digo yo.
Etólogos y otros tipos que pasan más tiempo mirando animales que personas, usan una versión del dilema del prisionero con infinitas repeticiones para explicar por qué si los seres están programados para sobrevivir como individuos existen comportamientos, en principio, altruistas para el grupo. Porque, aunque el dilema se resuelve delatando al compañero (lo denominaríamos “no ayudando” al compañero), cuando sólo se repite una vez, en un sistema con infinitas repeticiones donde los individuos tienen memoria, no ayudar al compañero puede no ser rentable a la larga. Si tú no me ayudas a mí, lo mismo yo no te ayudo a ti cuando lo necesites. Y sin embargo una colaboración general repercute en un bien para todos y, por tanto, para cada uno…
No sé, hay que mirar esto con lupa, porque, como he dicho, lo dicen personas que pasan la mayor parte del tiempo sólos en el campo, con un sombrero camuflado con ramas y demasiada crema contra el sol…
Sed buenos
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Sobre la felicidad eterna
Lunes, 24 de Octubre de 2005Hola amigos.
Tengo que confesarlo. Soy prácticamente un delincuente, un malhechor, un forajido, un criminal, un ladrón, un maleante… la culpa me corroe y apenas me deja dormir por las noches. Me despierto empapado en sudor y me escondo cuando escucho un coche de policía… lo confieso: hace 15 años robé un libro de una biblioteca pública.
¿Cómo se llama este libro? Pues así. Y se subtitula “El enigma de Drácula y otros pasatiempos lógicos”. Sí, es cierto, por el título no parece un libro por el cual arriesgar la libertad (al ser capturado y encerrado no sé cuantos años), pero tengo que admitir que me cautivó desde la primera página. Está escrito por un matemático inglés llamado Raymond Smullyan al que apasionaban los juegos lógicos y los acertijos. Durante 292 páginas propone juegos de ingenio (algunos realmente difíciles) que me mantuvieron entretenido las dos semanas de préstamo del libro ¡Sin haber terminado el primer capítulo! Así que me lo quedé otra semana.
Bueno, me lo quedé un mes (en realidad 15 años), ignorando las sucesivas cartas de aviso de la biblioteca… en mi defensa diré que el segundo capítulo trataba sobre Alicia en el país de las maravillas y el tercero sobre un particular Drácula que mentía los días impares de la semana (y decía la verdad los demás)… ¿A que es fascinante? Por suerte, al final se cansaron y no me mandaron más cartas…
Yo os propongo uno de los juegos que más me gustó:
¿Qué es mejor, la felicidad eterna o un bocadillo de jamón?
Es real y tiene solución. El que tenga la respuesta que lo escriba en el foro.
Sed buenos
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