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Libros - La conjura de los necios
Martes, 7 de Julio de 2009Tenía que ir a un sitio a hacer algo que sólo yo podía hacer por mí mismo. Y, para tan tremenda responsabilidad, necesitaba ir equipado con algo de lectura. Tenía un problema: en ese momento no había a mano nada de lo que ya tenía empezado. Así que eché mano de lo primero que se me puso a tiro: La conjura de los Necios.
A veces uno se enfrenta a un libro con algo de conocimiento previo. Así que más o menos tiene una idea de a qué se está asomando. En el caso de La conjura de los necios yo iba completamente inconsciente de dónde me estaba metiendo. No sabía nada de su argumento, nada de su infame protagonista, el irrepetible Ignatius J. Reilly y, sobre todo (y eso es menos raro) no sabía nada de su autor, un tal John Kennedy Toole.
La novela va sobre Ignatius, un tipo gordo y sumamente extraño, con unas ideas algo absurdas de la moral, al que su madre anciana obliga a buscarse un trabajo porque ella ya está mayor y piensa que tiene que aprender a buscarse la vida. Esto hace que Ignatius empiece una serie de aventuras y desventuras (el pasaje como vendedor de salchichas es sencillamente genial, o la parte de la fábrica con los carteles… me río de sólo acordarme). Toda la historia transcurre en las calle de Nueva Orleáns.
Como curiosidad, esta fue la única novela de su autor, quien se suicidó al no conseguir que se la publicaran. Sólo la infatigable tenacidad de su madre consiguió vencer la barrera de las editoriales y hoy en día es una de las obras maestra de la literatura norteamericana contemporánea. Hasta ganó un Pulitzer y todo. Curiosamente no hay adaptación cinematográfica… así que a leer toca.
LA CONJURA DE LOS NECIOS
JOHN KENNEDY TOOLE
ANAGRAMA
368 páginas
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
ISBN: 9788433920423
Colección: ANAGRAMA COMPACTOS
Edición:22ª
Año de edición:2002
Popularity: 1%
Libros - El asombroso viaje de Pomponio Flato
Martes, 23 de Junio de 2009

El asombroso viaje de Pomponio Flato
A Eduardo Mendoza lo descubrí con una novela que nos mandaron leer en el instituto: El misterio de la Cripta Embrujada. Un buen libro, en el que un paciente de un hospital psiquiátrico investiga la desaparición de una joven, rica heredera de una poderosa familia. El libro me gustó, pero tan pronto lo terminé, como hago casi siempre, olvidé quien lo había escrito.
A Eduardo Mendoza lo volví a encontrar en Sin noticias de Gurb. Esta vez no me gustó tanto. El humor absurdo del extraterrestre que busca a su compañero en las calles de Barcelona no me llegó a convencer del todo. A lo mejor me pilló en mal día. No lo sé.
Como no hay dos sin tres, a Eduardo Mendoza lo volví a encontrar, pero esta vez en la radio. Le estaban haciendo una entrevista y hablaba de su último libro: El asombroso viaje de Pomponio Flato. Qué os voy a contar que no sospechéis ya… efectivamente me gustó el sentido del humor de este escritor y la lectura que hizo del primer párrafo del libro me hizo mucha gracia. No esperé más y me lo compré.
Básicamente el libro trata sobre Pomponio Flato, un patricio romano, medio aventurero, medio filósofo, que recorre el mundo en busca de una fuente de agua que otorga todo el conocimiento que hay. No sabe la localización exacta de la fuente, por lo que va probando de cuantas aguas encuentra a su paso. Y eso le ha producido una especie de diarrea crónica y muchas ventosidades. Sus pasos terminan por llevarle a Galilea, sobre el año 7 de nuestra era, donde ocurren hechos asombrosos y es contratado como abogado por un niño llamado Jesús para que salve a su padre, carpintero, de ser crucificado. Todo esto con un humor subrealista que consigue arrancar más de una carcajada.
Es un libro muy divertido que sólo tiene una pega: es demasiado corto. Se lee en una tarde, sin despeinarse uno ni nada.
EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO
EDUARDO MENDOZA
SEIX BARRAL
192 páginas
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
ISBN: 978-84-322-1253-6
Colección: BLIBLIOTECA BREVE
Edición:1ª
Año de edición:2008
Popularity: 1%
Sobre la biblioteca de Alejandría
Miércoles, 18 de Marzo de 2009Hola amigos.
Hace poco salió la lista de las 7 maravillas del mundo moderno elegida por votación popular previo pago del SMS de rigor, y entre las que no estaba la Alhambra de Granada. Esta lista, que no reproduciré aquí, está basada en la lista de las 7 maravillas del mundo antiguo, que fue redactada hace ya un montón de años (Cuando el mundo antiguo era conocido como mundo moderno). El Coloso de Rodas, La Gran Pirámide de Giza, Los Jardines colgantes de Babilonia o el Faro de Alejandría… son sólo algunas de las más conocidas.
Alejandría, la ciudad fundada por Alejandro Magno (que tenía un ego más grande que su apellido, pero poca imaginación a la hora de poner nombres a las ciudades), está situada en el delta del Nilo, en un enclave privilegiado. Pronto destacó en el mundo antiguo, como un faro en la noche. El faro ayudó mucho, claro… pero, sobre todo, lo que más renombre le dio a la ciudad fue la famosa Biblioteca de Alejandría.
Dice Terry Pratchett, el cachondo autor del Mundodisco, que las bibliotecas son lugares donde la acumulación de saber produce un campo de fuerza que distorsiona el continuo espacio-tiempo y pone en aprietos el mismo tejido de la realidad. No sé si tanto, pero, en el caso de la Biblioteca de Alejandría, la mayor biblioteca del mundo antiguo, esta acumulación de materia del saber debió de ser inmensa.
Dicen que cuando un barco llegaba al puerto, los soldados inmediatamente registraban la nave en busca de libros que poder copiar. Incluso, para que hicieran la vista gorda, había que sobornarles con novelas eróticas de portada discreta. Llegaban libros de todas partes del mundo e, incluso, se conseguían raros ejemplares por el método de “No, de verdad que no sé cómo ha ido a parar ese libro al fondo de mi mochila”.
No eran libros como los de ahora. En realidad se trataba de rollos (¿Sabéis cómo se dice rollo en latín? Volumen. ¿A que esto explica muchas cosas?). Cada volumen estaba formado por hojas de papiro unidas unas a otras formando una banda que se enrollaba sobre un cilindro de madera. Los textos estaban escritos en columnas, generalmente en griego, con tinta diluida en mirra (otra cosa que hemos descubierto… para esto se usaba la mirra). Y se almacenaba en armarios, ordenados por temáticas. Se desconoce si era necesario presentar un carné con la foto para sacar algún libro o si te mandaban una carta a casa si te pasabas del plazo de devolución.
Estando almacenados, posiblemente, todo el conocimiento del mundo antiguo, no es de extrañar que Alejandría fuera un centro de reunión de los grandes sabios de la época. Además de filósofos, matemáticos, y oradores, había toda una pléyade de traductores, lingüistas y vendedores de separadores para los libros. Se sabe que muchas obras originales fueron escritas en sus salas y que las discusiones filosóficas se alargaban hasta altas horas de la madrugada. Seguramente en las próximas fechas escucharemos con cierta insistencia el nombre de una de las más famosas sabias que rondaban por la biblioteca: Hipatia, una importante matemática y astrónoma (efectivamente, era mujer… algo muy raro para las costumbres de la época), quien fue muerta por linchamiento popular por ser más bien Pagana (merecería un artículo para ella sola, que tengo en mente… y hasta una película… aunque de eso se ha encargado Alejandro Amenabar.)
La biblioteca fue creada como complemento al museo, pero fue creciendo en importancia hasta el punto de que nadie se acuerda del Museo de Alejandría. La fundó Ptolomeo I Sóter (un rey con ligeros problemas de incontinencia) a principios del siglo III antes de Cristo. Pero lo que no se sabe con seguridad es la fecha de su destrucción.
Se dice que fue Julio Cesar el que la quemó, por accidente, al arder todos los barcos del puerto, en el fragor de la batalla por sobrevivir al asedio que su cuñado (el hermano de Cleopatra) impuso a la ciudad. Pero fuentes bien informadas dicen que lo que se quemó fueron algunos almacenes de libros del puerto. Se sabe que el sucesor a Cesar en el poder, Augusto, regaló 200.000 pergaminos de la biblioteca de Pérgamo en compensación por la pérdida.
Lo cierto es que los tiempos antiguos no eran demasiado tranquilos. Así que, tras 23 terremotos, revueltas, invasiones, conquistas, saqueos, insurrecciones, venganzas, incendios y demás avatares habituales de la época, lo raro es que quedara algún libro sano cuando llegaron los cristianos. Pero algo quedaba, y fue el emperador Teodosio el Grande (Teo Odioso, más bien), a petición del Obispo de Alejandría, el que mandó erradicar el paganismo en Egipto allá por el siglo IV, derrumbando lo que quedaba de la biblioteca y construyendo una iglesia en su lugar (sic). Aunque se cree que se pudo salvar gran parte de los libros, dado que se sospechaba que algo así ocurriría.
Cuanta la leyenda que, cuando llegaron los árabes y conquistaron la ciudad a sangre y fuego, por no cambiar las costumbres de la época, el Califa Omar ordenó quemar todos los libros con el siguiente argumento:
“Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo con la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos”
Se sabe que esto es falso por completo, pero sí es seguro que, como tenían por costumbre los árabes entonces, quemaron muchos libros, aunque no fueran de la Gran Biblioteca.
Sea por unos o por otros, lo que es cierto es que no queda nada de la Gran Biblioteca de Alejandría. Todo el saber que almacenaban sus vetustas paredes se dispersó o perdió y sólo nos queda el recuerdo. Aunque la UNESCO ha inaugurado otra biblioteca en Alejandría… no es lo mismo. Ya suena un poco forzado.
Quienes tienen un proyecto ambicioso de verdad, en relación a los libros, son los chicos de Google. Pretenden almacenar y poner a disposición del público (siempre y cuando los derechos de autor lo permitan… y como estamos hablando de dinero la cosa es posible que se complique) todos los libros del mundo, en cualquier idioma, de cualquier país. Todos. Y poder buscar cualquier palabra, cualquier palabra que salga en cualquier libro, de la misma manera que buscamos a diario en Internet. Y, con las mismas, poder descargar el ejemplar directamente a nuestro libro electrónico
Desde luego, La Gran Biblioteca de Google debería de estar entre las 7 maravillas del mundo futuro. ¿Qué no?
Sed buenos.
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Sobre La Fundación (o como se me va la pelota)
Martes, 2 de Octubre de 2007
En una galaxia muy muy lejana
Hola amigos.
Uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos es Isaac Asimov, científico y divulgador, pero famoso por sus libros de ciencia ficción. Tiene dos series de novelas bastante conocidas (o, al menos, conocidas por mí y otros cuantos frikis): Robots (de donde han salido películas como El Hombre del bicentenario y Yo, Robot) y la saga Fundación. De esta última serie es de la que os quiero hablar.
En principio Fundación cuenta la historia de un magno imperio galáctico que está en plena decadencia. Como buen imperio tiene su emperador, que vive en el centro de la galaxia, en un planeta llamado Trantor. Existe, además, un viejo científico que ha desarrollado una nueva ciencia, la psico-historia, que predice los acontecimientos futuros en base a estadísticas y complejas ecuaciones. Y el futuro no puede ser peor… el basto imperio galáctico se colapsará y se sumirá en 10.000 años de caos y de oscurantismo. La solución: establecer una colonia en un planeta apartado del centro de la galaxia con 10.000 científicos y sus familias que hagan una enciclopedia en la que almacenarán todos los conocimientos de la humanidad y que sirva de semilla para un segundo imperio. El imperio de colapsará de todas maneras pero, en lugar de 10.000 años de caos, serán solo 1.000, hasta que vuelva a surgir el nuevo imperio galáctico.
Durante el transcurso de los diferentes relatos, se van produciendo una serie de crisis , predichas de antemano por el creador de la psico-historia, crisis que deberán ser resueltas de la única manera posible o la fundación desaparecerá… aunque deberán de ser los dirigentes de La Fundación los que lleguen a esa conclusión por si mismos. Cada capítulo es un crisis y es una excusa del autor para ir desarrollando otros temas más profundos como son La Religión, El comercio, la Política… y la Historia, porque, en parte, lo que se está contando es la desaparición del Imperio Romano y la entrada en la época oscura de la Edad Media.
El planteamiento es fascinante y cuando lo leí, descubrí que el amigo George Lucas basó su Star Wars en esta serie de novelas. Existen tantos paralelismos que, sinceramente, no sé como no se acusó de plagio al director de cine. La diferencia está en que Isaac Asimov no puebla la galaxia con bichitos sino con humanos, perdiendo así una pasta en merchandaising…
Si alguno de vosotros lo leéis no os llaméis a engaño. Son novelas escritas en los años 50 y predicen un futuro a miles de años del presente actual, pero con unas tecnologías más parecidas a mediados del siglo pasado. Son, por tanto, novelas del genero “retrofuturista”. Habla de energía atómica de fisión, como la que tenemos ahora, pero como la panacea energética (no hay que olvidar que por aquella época se empezaba a dar un uso civil a la energía nuclear). No predice hasta casi el último libro de la saga el uso de ordenadores (computadoras) y obliga a los personajes de la novela a calcular con un lápiz (literalmente) los saltos hiperespaciales entre estrellas…
Del primer libro, que es el que más me gusta, he sacado una de mis frases favoritas y que a lo mejor me habéis oído decir en alguna ocasión (y no se trata de “Tú misma”).
“La violencia es el último recurso del incompetente”
Por cierto: En principio no quería hablar tanto de La Fundación y quería comentar un artículo que he leído en El País esta mañana La ciencia lee la mente. En el tercer libro de la saga aparece un personaje al que llaman El Mulo, que es capaz de inducir pensamientos y cambiar voluntades “toqueteando” la mente de la gente… y, bueno, al leer el artículo esta mañana me acordé de el personaje y pensé que podía ser una buena introducción. Pero luego caí en la cuenta de que, a lo mejor, no hay tanta gente que sepa de la existencia de estos libros, así que, como introducción quedaría muy pobre…
Tenéis deberes. Primero os leéis el artículo y, luego, las novelas… y después hablamos.
Sed buenos.
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Sobre la vida que imita al arte
Martes, 28 de Agosto de 2007
Un par de gemelos
Hola amigos
Hoy me ha pasado algo sorprendente. Y no es la primera vez que me pasa, la verdad. De hecho es algo que me ha pasado ya muchas veces en estos últimos años, aunque no por habitual es menos sorprendente.
Siguiendo con mis habituales cambios radicales de tema, hoy voy a hablaros de uno de mis escritores favoritos: Ken Follet (el apellido hay que leerlo como si fuera una sola ele, ya que si se pronuncia la elle queda un poco mal en castellano). Para el que no le conozca este señor es el autor de un libro muy leído en el Metro de Madrid, a pesar de su gran volumen, y que a mí me enganchó hasta su penúltima página. Estoy hablando de Los pilares de la tierra. El libro trata sobre un chico pelirrojo muy pero que muy bueno que lucha con denuedo contra unos tipos muy pero que muy malos, mientras construye una catedral. Para mi gusto una buena novela a la que faltaron 1000 páginas más.
Otro libro de Ken Follet que me gustó mucho (y que devoré en un viaje en tren de Barcelona a Madrid) es “La isla de las tormentas”, que trata sobre un espía alemán que intenta desenmascarar la operación de distracción previa al desembarco de Normandía en la Inglaterra de la guerra, mientras es perseguido por un profesor de universidad metido a espía. Este libro tiene un montón de cosas que me gustan, y entre ellas una muy buena adaptación cinematográfica con Peter Sutherland como agente Alemán.
Seguidamente después de los Pilares de la tierra me leí “Una fortuna peligrosa”, de muchas menos páginas y mucho, pero que mucho, menos conocida. Trata sobre un chico de humilde nacimiento en la Inglaterra Victoriana que, por esas cosas que tiene la vida, entra a trabajar en un Banco (de los de dinero) y va ascendiendo hasta ocupar un puesto importante, mientras que unos malos muy malos, dueños del banco, se lo ponen difícil. Sustituyes el Banco por una Catedral y tenemos los Pilares de la Tierra… más o menos. Este, como se puede apreciar, me resultó muy flojo.
Y no hace mucho acabó en mis manos otro libro del bueno de Ken. Se trata del “Tercer gemelo”, novela ambientada en una universidad de los EEUU donde se está haciendo un experimento sociológico sobre si gemelos idénticos que han sido criados en ambientes diferentes desarrollaban gustos y comportamientos parecidos. La cosa se complica cuando a uno, que no creía tener ningún hermano, y menos gemelo, le empiezan a aparecer “dobles” por todas partes.
Y es aquí donde quería llegar. Esta mañana he bajado al bar a desayunar. No es algo que haga muy habitualmente, de hecho a este bar no había bajado nunca. Me he situado junto a la barra, esperando llamar la atención del camarero, y haciéndoseme la boca agua con la visión de los cruasanes recién hechos. Me estaba poniendo al día con las noticias del periódico cuando me han puesto delante un descafeinado de sobre y una tostada con miel, sin yo haber pedido nada de nada. “¿Es para mí?” le he preguntado al camarero, y me ha respondido “Sí, ¿No? Lo de siempre…”. Cuando le he dicho que se estaba equivocando, que era la primera vez que pisaba el establecimiento y que, por Dios, yo no había tomado un descafeinado de sobre (ni de máquina) en mi vida, se ha pensado que le estaba vacilando. Resulta que soy un habitual de su bar… resulta que bajo todos los días a desayunar ahí. Si no yo, un doble perfecto mío.
Y ya me ha pasado más de una vez. Hay gente a la que le resulto familiar. Otros tienen amigos que son clavaditos a mí. Incluso hay un tipo que sale en la tele que es como yo, cuando no llevaba el pelo largo…
Así que, una de dos. O soy un tipo con una cara muy, pero que muy, corriente o hay muchos clones mío pululando por ahí. Espero que todos sean buenos y no me metan en un lío… porque a ver si un doble se va a dedicar a robar bancos y terminan mis huesos en la cárcel. ¿Como le explico al Juez que no era yo, a pesar de que la cámara de seguridad del banco muestra claramente a un tipo como yo, el que se llevaba 20.000 euros en billetes pequeños no consecutivos…?
Sed buenos.
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