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Artículos con la etiqueta ‘lenguaje’

Sobre la sustituta

Miércoles, 20 de Mayo de 2009

La profesora sustituta

La profesora sustituta

Hola amigos.

En tercero de BUP yo tenía una profesora de lenguaje a la que llamábamos “La Garrapata”. Era un mote heredado de cursos anteriores, así que muy bien no sé a qué venía. Unos decían que era por la inmensa verruga que tenía en la cara, de esas verrugas peludas que parecen tener personalidad propia, y una opinión bien formada sobre política. Una verruga hipnótica que, aún sin tener con qué hacerlo, te da la sensación de que te está mirando… y no bien, precisamente. Otros decían que la llamaban así porque era ligeramente contrahecha y pequeña. Y fea como su mote. Yo me inclino a pensar que simplemente alguien le puso ese mote porque le pareció especialmente desagradable.

Lo cierto es que con ella mis posibilidades de aprobar se podían equiparar a las de un emigrante recién llegado del África más profunda, sin saber castellano y, posiblemente, con alguna deficiencia auditiva aguda. Algunas sillas sacaban mejores notas que yo. Con ella todo el mundo estaba suspenso y, al menos en mi caso, no hacía falta que demostrara lo contrario. En realidad a mí no me preocupaba lo más mínimo suspender lenguaje… a fín de cuentas yo siempre he sido de ciencias. Pero a mis padres nunca les gustó que yo suspendiera nada, así que cada vez que llevaba las notas a casa había conflictos generacionales en los que siempre se terminaba oyendo “jovencito, yo a tu edad ya estaba trabajando”. Pero no sólo por el lenguaje, sino por el resto de asignaturas que suspendía, que no eran pocas. Nunca fui un alumno muy aplicado.

El tercer trimestre “La Garrapata” se puso mala. Ese hecho supuso que corrieran muchos rumores sobre las posibles enfermedades de la pobre mujer. Algunos realmente imaginativos. Al final resultó ser Hepatitis, lo que la mantuvo de baja durante el resto del curso. Para ella fue una mala noticia, pero para nosotros abría un resquicio a la esperanza. El profesor de sustitución que pone la compañía de seguros desde el kilómetro cero no podía ser peor que la señora de la verruga.

El profesor fue en realidad una profesora. Era joven y guapa. Pero sobre todo joven. Bueno, y guapa. Y entró en clase el primer día con un estilo diferente. Para empezar se sentó en la mesa del profesor con las piernas cruzadas. Se presentó y empezó a contarnos una historia sobre su primer día de clase en la facultad. Era una historia divertida, con algunos reveses y contada de una manera muy interesante. Ni que decir tiene que la clase se pasó volando. Ella había usado su presentación para enseñarnos lo que haríamos el resto del trimestre: Escribir historias.

Ahí me ganó.

Por primera vez escuché palabras como “presentación-nudo-desenlace”, trama, relato clásico… comedia, drama. Yo había leído siempre mucho, pero jamás se me había ocurrido pensar que las historias se tienen que contar de una manera concreta, que hay una estructura, y que se viene haciendo de la misma manera desde siempre. Entre otras cosas porque no hay otra forma de hacerlo, sobre todo si se pretende que la gente se entere o no se aburra. Y, lo mejor de todo: los deberes eran escribir relatos. No hace falta que diga que esos deberes los hacía sin rechistar.

El primer relato que hicimos hubo que leerlo en voz alta delante de toda la clase. A mi grupo nos había tocado hacer un drama. Y en cierta forma era un drama. Visto desde lejos. Trataba sobre venganza de un poli al que matan a su compañero. Lo sé, no era muy sofisticado y, bueno, se han hecho mil y una películas sobre lo mismo. Algunas hasta aceptables y todo. Sobre todo las que no están hechas en Hong Kong. Ese relato tuvo dos cosas buenas.

1) Me pusieron un ocho. El primer ocho en lengua de la historia de la familia. Conseguí sacar más puntos con ese relato que la suma de todas las notas desde el colegio.

2) El rotundo aplauso de mis compañeros, y alguna que otra carcajada de la profesora (en los momentos en los que tenía que hacerlo). Algo que, sin duda, engancha…

El relato lo perdí. Al menos no lo encuentro. Pero ya se sabe… las madres lo guardan todo, así que posiblemente esté en el montón de papeles del trastero. Curiosamente el nombre de la profesora no lo recuerdo, aunque creo que no sería difícil averiguarlo. Si alguna vez consigo publicar alguna cosa… mejor… cuando consiga publicar alguna cosa, buscaré su nombre para dedicárselo… a fin de cuentas ella tendría parte de la culpa ¿no?

Sed buenos.

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Sobre el te dije y te entendí

Lunes, 21 de Noviembre de 2005
Esccucha, escucha...

Escucha, escucha...

Hola amigos.

Nuestro lenguaje se basa en conceptos. Cuando decimos “Casa” inmediatamente viene a nuestra imaginación el concepto de “Casa” (que viene a ser algo así como el típico dibujo de un niño: una construcción cuadrada con tejado puntiagudo y chimenea humeante, con una puerta y dos ventanas, con o sin macetas). Esta palabra simboliza es concepto, y no tenemos por qué añadir nada más para que nos entiendan. Pero podemos dotar de más características a nuestro concepto para ser más precisos (grande, de color cereza, sin tejado, con tres ventanas…) y para hacer que nuestro interlocutor mejore en su imaginación la imagen de ese concepto.

Así que, cuando hablamos, transmitimos conceptos, convertidos en símbolos sonoros que nuestro interlocutor escucha e interpreta. Y es en esa interpretación en donde se producen multitud de problemas… porque no siempre se nos entiende exactamente lo que queremos decir. Podríamos entrar en el tópico y afirmar que los hombres y las mujeres utilizan diferentes sistemas conceptuales, y que por eso hay una falta de comunicación tan grande entre nosotros…

Podemos decir, por ejemplo: “¿Queda mucho para el monumento al ingeniero de montes?”, y con esto queremos decir, exactamente, si falta mucho en tiempo, o distancia, para un elemento ornamental y con carácter conmemoratorio a la figura, pero no a una persona concreta, de todos aquellos que han cursado estudios universitarios de Ingeniería de montes (y han terminado, claro), situado en una zona cercana, en, por ejemplo, cuatro kilómetros a la redonda.

Y el buen esquiador de fondo entendió que si estaba lejos el mirador de Navalcollado…

Sed buenos.

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Sobre las coletillas

Lunes, 20 de Junio de 2005

Un comodín

Un comodín

Hola amigos.

Hoy quiero hablaros de una palabra comodín que todos solemos utilizar con demasiada asiduidad… la palabra “Tal”. ¿Os habéis dado cuenta de cuantos usos le damos a esa palabra? Es la típica palabra que ponemos al final de una frase y sustituye a una explicación larga. “Estoy comiendo más sano… más… tal” Y ese tal quiere decir que como fruta a porrillo y yogures desnatados, por ejemplo. “He estado toda la tarde estudiando y tal” y ese tal quiere decir que además de estudiar he estado jugando con la Playestesion, viendo la tele y comiendo Nocilla directamente del bote. Lo bueno que tiene esta coletilla es que, como lo que cuentas depende de quién escucha, cuanta más imaginación tiene el interlocutor mejor quedas…

Y si le añadimos el “y cual” detrás, es como omitir tres volúmenes enteros de la Enciclopedia Británica, con sus anexos y todo. Y sólo con un par de palabras más. Otra opción más: “Tal, cual y Pascual” y aquí no se sustituyen palabras sino a gente, y viendo las magnitudes en las que nos movemos, podría ser que en esa coletilla estuviéramos mencionando a toda la población de China.

Si en lugar del “tal” usamos “y eso” podemos conseguir idénticos resultados, y aunque me parece menos elegante, tiene sus ventajas: si lo utilizas a menudo y con cierta gracia puedes conseguir un billete para ir a crónicas marcianas.

¿Y qué decir de “esto y lo otro”? Esta coletilla es especialmente buena… si Fidel Castro la utilizara más a menudo los discursos serían más llevaderos. Y si hay una frase que me saque especialmente de mis casillas esta es “no sé qué”. Porque si no lo sabes tú, que me lo estás contando… ¿Quién demonios lo sabe?

Y luego tenemos las reiteraciones… “patatín patatán” o “pin pan, pin pan”, que quieren decir que hicimos algo muy continuado y repetitivo…

En fin, sólo os diré que el otro día vi a María y tal y hablamos de esto y de lo otro y no sé qué. Pin pan, pin pan, tomamos unas cañas y eso y patatín patatán pasamos la tarde…

Sed buenos y tal.

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