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Sobre la biblioteca de Alejandría

Miércoles, 18 de Marzo de 2009
Hipatia (Rachel Weisz) en la última película de Amenabar

Hipatia (Rachel Weisz) en la última película de Amenabar

Hola amigos.

Hace poco salió la lista de las 7 maravillas del mundo moderno elegida por votación popular previo pago del SMS de rigor, y entre las que no estaba la Alhambra de Granada. Esta lista, que no reproduciré aquí, está basada en la lista de las 7 maravillas del mundo antiguo, que fue redactada hace ya un montón de años (Cuando el mundo antiguo era conocido como mundo moderno). El Coloso de Rodas, La Gran Pirámide de Giza, Los Jardines colgantes de Babilonia o el Faro de Alejandría… son sólo algunas de las más conocidas.

Alejandría, la ciudad fundada por Alejandro Magno (que tenía un ego más grande que su apellido, pero poca imaginación a la hora de poner nombres a las ciudades), está situada en el delta del Nilo, en un enclave privilegiado. Pronto destacó en el mundo antiguo, como un faro en la noche. El faro ayudó mucho, claro… pero, sobre todo, lo que más renombre le dio a la ciudad fue la famosa Biblioteca de Alejandría.

Dice Terry Pratchett, el cachondo autor del Mundodisco, que las bibliotecas son lugares donde la acumulación de saber produce un campo de fuerza que distorsiona el continuo espacio-tiempo y pone en aprietos el mismo tejido de la realidad. No sé si tanto, pero, en el caso de la Biblioteca de Alejandría, la mayor biblioteca del mundo antiguo, esta acumulación de materia del saber debió de ser inmensa.

Dicen que cuando un barco llegaba al puerto, los soldados inmediatamente registraban la nave en busca de que poder copiar. Incluso, para que hicieran la vista gorda, había que sobornarles con novelas eróticas de portada discreta. Llegaban de todas partes del mundo e, incluso, se conseguían raros ejemplares por el método de “No, de verdad que no sé cómo ha ido a parar ese libro al fondo de mi mochila”.

No eran como los de ahora. En realidad se trataba de rollos (¿Sabéis cómo se dice rollo en latín? Volumen. ¿A que esto explica muchas cosas?). Cada volumen estaba formado por hojas de papiro unidas unas a otras formando una banda que se enrollaba sobre un cilindro de madera. Los textos estaban escritos en columnas, generalmente en griego, con tinta diluida en mirra (otra cosa que hemos descubierto… para esto se usaba la mirra). Y se almacenaba en armarios, ordenados por temáticas. Se desconoce si era necesario presentar un carné con la foto para sacar algún libro o si te mandaban una carta a casa si te pasabas del plazo de devolución.

Estando almacenados, posiblemente, todo el conocimiento del mundo antiguo, no es de extrañar que Alejandría fuera un centro de reunión de los grandes sabios de la época. Además de filósofos, matemáticos, y oradores, había toda una pléyade de traductores, lingüistas y vendedores de separadores para los . Se sabe que muchas obras originales fueron escritas en sus salas y que las discusiones filosóficas se alargaban hasta altas horas de la madrugada. Seguramente en las próximas fechas escucharemos con cierta insistencia el nombre de una de las más famosas sabias que rondaban por la biblioteca: Hipatia, una importante matemática y astrónoma (efectivamente, era mujer… algo muy raro para las costumbres de la época), quien fue muerta por linchamiento popular por ser más bien Pagana (merecería un artículo para ella sola, que tengo en mente… y hasta una película… aunque de eso se ha encargado Alejandro Amenabar.)

La biblioteca fue creada como complemento al museo, pero fue creciendo en importancia hasta el punto de que nadie se acuerda del Museo de Alejandría. La fundó Ptolomeo I Sóter (un rey con ligeros problemas de incontinencia) a principios del siglo III antes de Cristo. Pero lo que no se sabe con seguridad es la fecha de su destrucción.

Se dice que fue Julio Cesar el que la quemó, por accidente, al arder todos los barcos del puerto, en el fragor de la batalla por sobrevivir al asedio que su cuñado (el hermano de Cleopatra) impuso a la ciudad. Pero fuentes bien informadas dicen que lo que se quemó fueron algunos almacenes de del puerto. Se sabe que el sucesor a Cesar en el poder, Augusto, regaló 200.000 pergaminos de la biblioteca de Pérgamo en compensación por la pérdida.

Lo cierto es que los tiempos antiguos no eran demasiado tranquilos. Así que, tras 23 terremotos, revueltas, invasiones, conquistas, saqueos, insurrecciones, venganzas, incendios y demás avatares habituales de la época, lo raro es que quedara algún libro sano cuando llegaron los cristianos. Pero algo quedaba, y fue el emperador Teodosio el Grande (Teo Odioso, más bien), a petición del Obispo de Alejandría, el que mandó erradicar el paganismo en Egipto allá por el siglo IV, derrumbando lo que quedaba de la biblioteca y construyendo una iglesia en su lugar (sic). Aunque se cree que se pudo salvar gran parte de los , dado que se sospechaba que algo así ocurriría.

Cuanta la leyenda que, cuando llegaron los árabes y conquistaron la ciudad a sangre y fuego, por no cambiar las costumbres de la época, el Califa Omar ordenó quemar todos los con el siguiente argumento:

“Si los contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los no están de acuerdo con la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos”

Se sabe que esto es falso por completo, pero sí es seguro que, como tenían por costumbre los árabes entonces, quemaron muchos , aunque no fueran de la Gran Biblioteca.

Sea por unos o por otros, lo que es cierto es que no queda nada de la Gran Biblioteca de Alejandría. Todo el saber que almacenaban sus vetustas paredes se dispersó o perdió y sólo nos queda el recuerdo. Aunque la UNESCO ha inaugurado otra biblioteca en Alejandría… no es lo mismo. Ya suena un poco forzado.

Quienes tienen un proyecto ambicioso de verdad, en relación a los , son los chicos de Google. Pretenden almacenar y poner a disposición del público (siempre y cuando los derechos de autor lo permitan… y como estamos hablando de dinero la cosa es posible que se complique) todos los libros del mundo, en cualquier idioma, de cualquier país. Todos. Y poder buscar cualquier palabra, cualquier palabra que salga en cualquier libro, de la misma manera que buscamos a diario en Internet. Y, con las mismas, poder descargar el ejemplar directamente a nuestro libro electrónico

Desde luego, La Gran Biblioteca de Google debería de estar entre las 7 maravillas del mundo futuro. ¿Qué no?

Sed buenos.

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Sobre la “Capilla Sixtina” II

Jueves, 20 de Noviembre de 2008
La Capilla Sixtina

La Capilla Sixtina

Hola amigos

Corría el año 1508 cuando el afamado Miguel Ángel, uno de los más grandes artistas de la antigüedad, recibió el encargo de pintar la Capilla Sextina. Por todos era conocida la relación tensa entre el Papa Julio II y el artista y se dice que le encargó la pintura de la capilla a mala idea, para que fallara estrepitosamente. Miguel Ángel era más un escultor que un pintor y pintar la enorme superficie de la capilla, con la técnica del fresco, no era algo fácil precisamente. Supongo que el Papa usó la táctica de “¿A que no hay huevos a pintar la capilla Sixtina?” y ante eso es muy difícil negarse.

La Capilla mide 40,93×13,41 metros, lo que supone unos 548 metros cuadrados; y el techo, que es lo que pintó Miguel Ángel, está a 20 metros de altura. La técnica que utilizó fue la del fresco. Para quien no lo sepa, el fresco no se pinta bajando mucho el aire acondicionado… no. Es algo más complicado: se da una mano de yeso y, mientras está todavía húmedo, se pinta encima. De esa manera el yeso absorbe la pintura.

Desde mi punto de vista hay dos razones por las que la Capilla Sixtina es una obra maestra. La primera es por el alarde que hace Miguel Ángel en el uso de la perspectiva. Me explico: La Capilla Sixtina está abovedada. O sea, es más molona que si fuera el techo plano… pero a la hora de pintar encima es más complicado. No se pueden pintar las figuras como se haría en un lienzo, porque al verlo desde el suelo los rollizos angelitos quedarían un poco deformes. Así que Miguel Ángel calculó como deformar a los angelitos para que con la curvatura del la capilla se vieran bien desde el suelo. Y eso es complicado porque el artista pintaba pegado al techo, pensando en la perspectiva que tendría visto desde 20 metros de altura. Y, para añadirle un poco más de dificultad al asunto, el yeso se seca muy rápido y no podía andar subiendo y bajando del andamio para ver qué tal andaba la cosa.

La segunda razón por la que la Capilla Sixtina es una obra maestra es por el sistema de andamiaje que diseño el artista. Para pintar los 548 metros cuadrados Miguel Ángel invirtió cuatro años completos. Durante todo ese tiempo no permitió a nadie, excepto a sus ayudantes, que vieran la obra. Pero no podía tener cuatro años cerrada la capilla… así que montó un sistema en el que él podía pintar, a 20 metros del suelo, y, además, permitir el uso normal de la capilla, sin andamios en medio del paso. Toda una obra maestra de la ingeniería civil. La explicación del sistema requeriría más de una portada, así que si estáis interesados, hay un documental de la BBC que habla nada más que del andamio…

Seguramente la obra costó 20 millones de euros de la época.

Por supuesto, éste texto no va sobre Miguel Ángel ni sobre su obra. Claro que no. Quiero hablar de otra cosa. Va por delante que yo no entiendo de arte moderno. En realidad no entiendo de arte. Así que yo mismo me estoy quitando autoridad para hablar de este tema. Pero supongo que puedo dar mi opinión de éste asunto.

En mi opinión la cúpula que ha pintado Barceló es una chufa. Y eso siendo muy benigno. Montones de pegotes de pintura de colores formando estalactitas (o estalagmitas, que nunca me he aclarado mucho con eso). Vale, simboliza el fondo del mar. Usted perdone. Pero también podría pasar por ser un gotelé mal tirado. Pero para eso se han gastado 35.000 kilos de pintura.

Y eso sin contar que ha costado la friolera de 20 millones de euros. Por la mitad lo hacemos mi amigo José Antonio y yo (en realidad lo pintaría él, por supuesto, pero yo le ayudaría a limpiar los rodillos, que no es poco). Sería demagógico decir todo lo que se podría hacer con 20 millones de euros, y por eso no voy ni a mencionar las vacunas contra la malaria que se podrían comprar, o los microcréditos para reactivar la economía en el tercer mundo que se podrían conceder. Por no hablar de algún programa contra el hambre infantil que se podría poner en marcha…

20 millones de euros por eso me parece más que inmoral. Me parece un timo. Sobre todo estando el mundo en plena recesión y crisis. Como dijo Buenafuente anoche en su monólogo… podríamos haber puesto un póster de la Pataky… eso si que es arte español.

Sed buenos.

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