Artículos en la categoría ‘Sin categoría’
Sobre la boda del año
Jueves, 2 de Julio de 2009
Hola amigos.
Dicen las escrituras (las santas, no las de mi piso) que estaba Jesús en una fiesta y ocurrió lo peor que podía ocurrir: se terminó el vino. Él, apiadado del anfitrión y, según parece, convencido por su madre, la Virgen María, obró un milagro. Transformó unas tinajas de agua en un vino excelente (dicen que un Judea cosecha del 19). Con lo que la fiesta pudo continuar, con mayor alegría que antes.
Quitando el hecho de que un tío mío, el que tenía el bar, obró este milagro toda su vida sin ser elevado a las alturas (“el truco está en remover bien para que no se note el agua”, me dijo una vez), no me parece que sea ninguna proeza. Si se habían ventilado todo el vino previsto tan rápido, no habría mucha gente en condiciones de dar fe de lo ocurrido. Y a esas alturas, se habrían bebido hasta el agua de los floreros. Está por verificar que el milagro de los panes y los peces fuera ese mismo día.
Sea como fuere, a ese acontecimiento se le conoce como “Las bodas de Canán”
Podemos leer en un famoso libreto cómo el conde de Almaviva había cedido una habitación para los futuros novios muy cerca de la suya en su casa. No en vano era Susanna, la bella sirvienta, sobre quien él había renunciado a su derecho de pernada (oficialmente) pero que se quería veneficiar de todas maneras (las legales y las que eran pecado). Por eso la quería cerca. El pobre Fígaro, inocente él a las argucias del conde, medía la habitación, para saber si le entraba bien la cama. Luego la cosa se complica y hay enredos y algunos “Do” de pecho y muchos gorgoritos…
Este es el comienzo de las Bodas de Fígaro, primera y genial ópera bufa de Wolfgang Amadeus Mozart.
Hay muchas otras bodas famosas. Desde la boda de Sisí, cuando no era todavía emperatriz, con el emperador Francisco José; hasta la boda de Letizia, cuando todavía era presentadora, con el principito Felipe; pasando por los tres días con sus noches de las bodas gitanas (por el rito evangélico) y la boda por el rito Zulú, domingas al aire.
Pero, para bodas importantes, amigos, tenemos la boda del año.
La boda de David y Alicia.
Sirva esta portada como prólogo para las breves palabras (si breves, dos veces buenas) que diré cuando estemos en tan fasto evento. Y mi mas sincero deseo de que seaís felices y todo eso. Pero sin perdices. Que no os han hecho nada las pobres.
Y. desde luego… sed buenos.
Popularity: 1%
Sobre lo que soy Yo
Lunes, 26 de Marzo de 2007

Hola amigos.
El amigo Pepe sugirió un tema muy interesante el otro día, a altas horas de la madrugada, durante el fin de semana en Burgos. Estas cosas suelen ocurrir cuando nos quedamos los pocos trasnochadores que aguantamos la tertulia. Pepe se preguntaba y nos trasladaba la pregunta, de hasta qué punto podría seguir siendo Yo, si pasaran todos mis recuerdos y vivencias a un clon de mí mismo. Lo sé, es probable que cualquiera que escuchase esta frase se preguntara cuantas cervezas se habría tomado a lo largo de la noche o si ese cigarrillo humeante entre sus dedos era algo más que un simple cigarrillo humeante… pero tengo que romper una lanza a favor de nuestro amigo.
Este tema no lo ha inventado él. De hecho es un tema muy habitual en la literatura de ciencia ficción y, por evolución, en el cine del mismo género. En el libro “El fantasma de Kansas” de John Varley, la protagonista se despierta un día en un hospital tras haber sido asesinada y recuperada mediante clonación y posterior volcado de memoria en el clon (esta mujer tenía una cláusula especial en su seguro de vida, como puede verse). Luego la trama se complica y la chica muere en varias ocasiones más… hasta que resuelve el caso (con un final impactante, claro). Este mismo autor tienen un relato corto con la misma idea, pero quedando el protagonista encerrado en la memoria de un ordenador en el proceso de copiado… su problema es que sus recuerdos se degradan rápidamente. Quizá este relato fuera la idea que originó la trilogía de Matrix, cogiendo conceptos de Tron (la legendaria película de los ochenta).
El gran autor de Ciencia Ficción del siglo pasado, Arthur C. Clarke también aborda esta idea en su novela “Play Back”, pero con matices: Un tipo está encerrado en un sistema de copia de una nave extraterrestre, donde tiene que luchar por definirse a sí mismo y volver a su cuerpo. Y sobre esta misma idea pero llevándola al campo de la filosofía y la inmortalidad, tenemos la fascinante novela “A vuestros cuerpos dispersos” de Philip J. Farmer, que trata sobre un experimento de extraterrestres que se dedica a grabar la memoria de todos los seres humanos que han vivido en la humanidad y soltarlos en un planeta perdido de la mano de Dios en forma de clones. Luego pasan más cosas, claro, para aquellos que cruzarse con Elvis y Julio Cesar por la calle les parezca poco…
Una vez aportada la bibliografía mínima recomendada, es cuento mi opinión: Yo creo que no habría diferencia. Yo sigo siendo Yo, independientemente de las células que formen mi cuerpo. Si el tipo que tengo delante del espejo se parece sospechosamente a la última imagen que tengo de mi mismo, debo de ser yo, ¿No? De hecho, cada día mueren en nuestro organismo miles de células que son reemplazadas inmediatamente por otras nuevas. Quitando las células del cerebro, las demás no están con nosotros más de 6 años, por lo que podríamos decir que cada 6 años somos alguien completamente diferente y, a la vez, el mismo. Creo que lo que nos hace ser quienes somos es esa larga serie de hechos y circunstancias que nos han ido moldeando a lo largo de nuestra vida. Nosotros somos nuestros recuerdos y experiencias.
Por cierto: la última vez que me afeité la barba el tipo que estaba reflejado en el espejo no era exactamente igual a la última imagen que tenía de mi mismo. Era tan diferente que llegué a no reconocerme, a pesar de ser evidente que era yo. Supongo que esa misma sensación, pero llevada el extremo, tendría al mirarse al espejo un enfermo que se recuperara del coma diez años después…
Sed buenos.
PD.- ¿Ves Almudena? Yo también aporto documentación…
Popularity: 1%
La magia de las estrellas
Domingo, 11 de Marzo de 2007

¿Te ha ocurrido alguna vez? Es como cuando quieres reír y no puedes porque no encuentras motivo, es como cuando quieres beber y no tienes sed, como si quisieras dormir y siempre fuera de día, y sigues, caminas y no paras, pero miras atrás y no ves nada y lo peor es cuando miras hacia delante y el camino es oscuro, difuso e incierto.
Y su luz se apagó.
Y quisieras volver y ya no está el camino y al asomarte solo encuentras abismo y las nieves del tiempo forman el hielo frío y tenebroso del no ser. La marea desbordada arroja sus lagrimas como sirenas muertas y parece como si todo se inundara y te hundieras en las profundidades abismales e insondables de la miseria.
Y su luz se apagó.
Continúas porque sabes que pueden aparecer nuevas estrellas a tu alrededor. Siendo más joven las ansiabas, las buscabas con ilusión y mucho afán, ahora a veces solo esperas, miras, sientes, te quedas quieto y vuelves a mirar y a sentir y a soñar como queriendo que nunca se vaya esa estrella, como conformándote con que la poca luz que te ofrece sea eterna, te ilumine de un invierno a otro, te permita seguir soñando teniendo una razón real por la que soñar.
Siempre creemos que hay estrellas que nunca desaparecen, que no pueden apagarse. Siempre pensamos que son eternas, indestructibles, incansables ante el universo de nuestros desalientos, ante la losa pesada de nuestros errores, ante el río de lava de nuestras lágrimas. Esas estrellas nunca deberían morir pero también se cansan, también lloran, y se rinden cuando no miramos, volviendo a levantarse por y para nosotros. Se arrodillaban diez veces y se levantaban mil, podrían ser violentas sus caídas pero más enérgicas eran sus puestas en pie. Esas estrellas eran supernovas pero esas estrellas no duran para siempre si entendemos como “siempre” el tiempo que tarda en musitarse el breve pero instransferible poema de nuestra vida.
Piensas en sus ojos que siempre confiaban en ti, piensas en su corazón que siempre miraba por ti, aunque no lo pidieras o tan siquiera lo percibieras. Un momento de oscuridad y su luz siempre aparecía para mostrarte que podías seguir solo, aunque siempre consiguiera hacerte sentir que estabas acompañado.
Ni la distancia, ni los errores, ni los olvidos podían con su luz pero esta no duraba para siempre.
Y la luz se apagó.
El universo de las locuras se cierra sobre el corazón tambaleante y las estrellas, como por arte de magia, vuelven a brillar con su ternura más cierta, más bondadosa, más serena, como si fuera un milagro, algo que no puedes controlar y que no sabes ni cómo ni por qué, sucede. Aparecen nuevas pero no comparables, simplemente distintas y especiales y entonces pruebas a reír y encuentras motivos, pruebas a beber y aparece la sed, pruebas a dormir y la luna te mece en los sueños más profundos, pruebas a vivir y comienzas a navegar en un sueño azul por el mar de la vida.
Y ahora solo quieres gritar y como un poeta callejero que solo es poeta para sí mismo comienzas a cantar a las estrellas:
“Tu presencia embota mis sentidos, aturde mi cabeza imaginando lo perdido. Y sueño el hermoso sueño de quererte y mientas despierto digo entre suspiros que te quiero y deseo con toda mi alma el tenerte, aprisionarte entre mis brazos con la soledad apagada y saber que tu me quieres, proyectar en tu mirada el reflejo de un amor, un querer que no se pierde.Aunque solo sea lo que sueño, mantengo firme mi mirada, dejadme pensar en lo que siento, dejadme aunque solo sea la esperanza…..”
Y una nueva estrella vuelve a brillar en el devenir de la vida no planeada, mientras otra estrella ya apagada queda grabada y hundida a fuego y esperanza en la profundidad antes oscura, ahora iluminada de nuestro corazón. Es la magia de las estrellas.
Y ahora ries, bebes, sueñas, caminas, porque todo se resume en el viento, en la arena, en los sentimientos, en el mar, en la montaña, en los sueños, en las caricias, en el recuerdo que mira al futuro, en la tierra, en las gotas de lluvia, en el latido de un corazón, es volver del revés todo la que hay en tí, es caer para volver a empezar, es saltar al vacío sin ni siquiera mirar, son las cosas más pequeñas convertidas en molinos gigantes de ilusión, es el laberinto de las pasiones, es la fuerza de los supiros que arrastran los pétalos de la esperanza, sí, ahí están, son ellas, es la magia de las estrellas….
Y la luz se encendió ….
Popularity: 1%
Sobre la Feliz Infancia
Miércoles, 3 de Enero de 2007

Hola amigos.
Cuando era pequeño, tan pequeño como el Carlos Alcántara del principio de Cuéntame, eran los primeros años de la década de los 80. Mis padres habían pagado la entrada de un piso a base de mucho esfuerzo en un barrio nuevo de Fuenlabrada, abandonando el pisito alquilado de Plaza Elíptica, así que podríamos decir que habían prosperado un poco. Aquel piso, situado en la octava planta de una torre enorme en la calle Andorra, era pequeño y frío, en invierno, y pequeño y caluroso, en verano. Aunque lo de pequeño lo descubrí recientemente, cuando tuve que volver por allí. A mí me parecía enorme todo por aquella época.
Mis mejores amigos del mundo estaban allí. Paquito, Alfonsito y Orlando. Los cuatro éramos más o menos de la misma edad y, al igual que la serie de televisión, éramos la pandilla inseparable. Quizá visto desde la distancia, y con el filtro de haber olvidado los malos momentos, fue una infancia bastante feliz. En verano nos quedábamos hasta las tantas en la calle, jugando a Fuga, cuando hacía fresquito y apetecía correr, y durante las horas de calor, jugábamos al Risk o al Monopoly a la sombra. Una vez organizamos los juegos Olímpicos del bloque, con entrega de medallas y todo. Y otra montamos un casino con ruleta y tragaperras (y beneficios). Después de las lluvias era la temporada de la Lima, y poco después venía la peonza, o las canicas. Durante la vuelta a España, jugábamos a las chapas (con los caretos de los corredores recortados de los cromos y pegados en la chapa), haciendo los intrincados circuitos con las manos en la arena; y cada semana había un mundial de fútbol con chapas y un garbanzo, dibujando el campo con tiza en la acera.
Montamos un sistema rotativo de liderazgo. Cada semana era uno el jefe de la pandilla que, por cierto, estaba en permanente guerra con otra pandilla del portal 9 por la supremacía del patio de atrás. Los columpios quedaban de nuestro lado y teníamos guerras de piedras por ellos, a suficiente distancia como para no darnos casi nunca. Nunca fui alcanzado por ninguna piedra, al contrario que varios de mis amigos, aunque nadie pueda dudar de mi valor en el campo de batalla. Aunque el puesto de jefe era rotativo, el jefe moral era Orlando, por ser el que mejor jugaba al fútbol. Una vez hizo las pruebas para entrar en el Madrid y todo…
Solíamos colarnos en el colegio de enfrente por un agujero en la valla para jugar al fútbol o, fíjate tú que cosas, al béisbol (pero no se valía tirar fuerte). Y nos inventamos un juego, que llamamos tejadobol, que consistía en tirar una pelota de tenis a un tejado y cogerla antes del segundo bote (al principio era al primer bote, pero era muy complicado). Mi amigo Paquito y yo, que vivíamos en la vertical aunque con 6 plantas de diferencia, nos montamos un teléfono hecho con dos yogures y un cordel de lana que, francamente, no llegó a funcionar nunca por las interferencias en la línea, pero que nos mantuvo entretenidos durante días enteros.
Lo sé. Suena mucho a infancia feliz de película americana. Pero os prometo que fue así… insisto que filtrando los malos momentos, que supongo que los habría, aunque no los recuerdo. Me pregunto si cuando tenga un hijo tendrá una infancia parecida. Me imagino que no se le parecerá mucho.
Para empezar su barrio no será ni parecido al que yo tenía. De hecho, seguramente no tendrá barrio… tendrá urbanización. Con piscina, eso sí. Viendo como están las cosas hoy en día, que no se ve a un niño jugando en el parque sin que estén alguno de sus padres/abuelos con ellos, difícilmente habrá guerras de piedras. Es más, ya no quedarán piedras por no ser elementos homologados de diversión infantil. Hacerse un teléfono con dos yogures y un cordel será una tontería primitiva, ya que mi crío dispondrá de lo último en telefonía 5G (¿No es una gilipollez darle un “móvil”· a un niño para tenerle localizado? Al ser un “móvil” nunca sabes realmente donde está, sólo sabes que lo tiene encima), y se comunicará con sus amigos por el. Sin interferencias en la línea. Y jugar al fútbol… eso sí que será difícil. Tal y como está la natalidad en este país… como para juntar a 11 niños.
Sed buenos.
Popularity: 1%
Sobre la historia que se repite
Domingo, 30 de Julio de 2006
Hola amigos.
Hoy me he levantado filosófico… o todo lo filosófico que me puedo poner un domingo por la mañana (y tirando de esa filosofía barata que suelo hacer, y que algunos llaman demagogia). Supongo que las más de 10 horas de sueño han ayudado a elaborar una de mis absurdas teorías. Teoría que me dispongo a enunciaros: Todo es cíclico y recurrente. Ahí queda eso.
El día sigue a la noche, y la noche al día. Dormimos y despertamos. El Sol sale y la luna se esconde. La luna pasa de ser nueva a llena y de nuevo a nueva, cada 30 días. Al año tenemos 4 estaciones bien diferenciadas, aunque cada vez menos por el famoso cambio climático, y como si de un reloj se tratara, tenemos al Cortinglés para anunciarnos convenientemente su llegada. Y, como dicen en la tele, ya es verano en el Cortinglés.
Como he dicho al principio, todo es cíclico. Todos los años se repite una y otra vez la misma situación: Cada verano pensamos que “ese” verano va a ser la leche. El mejor verano de todos. El Verano, con mayúsculas, el único y verdadero. Pero, lamentablemente, ese verano es el mismo verano una y otra vez. No es de extrañar que a la gente le de el síndrome post vacacional… sentimos que en esos pocos días que podemos ser nosotros mismos, y hacer lo que siempre hemos querido hacer, al final no lo logramos. Porque siempre pasa algo que estropea la idea de verano ideal que nos hemos montado en nuestra cabeza, entre acelerón y parada en el atasco, o entre codazo y empujón en el metro…
A mí eso no me pasa desde hace cinco veranos. Yo no pienso en el verano en todo el año. No me imagino cómo serán mis vacaciones y, lo más importante de todo, no las planeo. Dejo que pasen las cosas. De alguna manera inexplicable siempre surge algo que hacer, diferente cada vez y, hasta el momento, siempre fantástico. Y, como no he imaginado como será, todo lo que venga, sea lo que sea, es bienvenido… eso sí: se requiere una mentalidad positiva, ya que hay que sacar la mejor cara de cualquier situación, y no venirse abajo al primer revés… a mí me ha ido bien.
Sed buenos.
PD.- Espero que tengáis un verano tan bueno como os lo hayáis imaginado. O mejor…
Popularity: 1%
