Artículos en la categoría ‘Historia’
Sobre el Hereje (ah dejé)
Martes, 3 de Noviembre de 2009

La estatua de Giordano Bruno (único momento en el que no tocó las narices de nadie)
Hola amigos.
Hace algún tiempo os hablé de Hipatia y su papel como filósofa en la biblioteca de Alejandría. En lo que quedaba de la biblioteca, en realidad. Para los que no lo leyeron y no quieran darle al enlace para leerlo (y eso que hay una foto de Rachel Weisz desnuda adornando el texto), Hipatia murió a manos de los cristianos, acusada de brujería. Parece ser que era defensora del modelo Heliocéntrico… o sea, que el Sol estaba en el centro y la tierra y los demás errantes, giraban a su alrededor. Y eso era poco menos que una blasfemia que merecía la muerte.
Hoy quiero hablaros de otro “martir” de la ciencia. Se trata del bueno de Giordano Bruno. Napolitano de nacimiento, estudió Teología con los Dominicos, aunque también le dio algo a la filosofía aristotélica (posiblemente en asignaturas optativas). La impresión que me da es que tenía poco de creyente y mucho de curioso. La única manera de estudiar en su época era tomando el hábito. Dicen que el hábito no hace al monje, y esa frase se hace más verdadera al saber que con sólo 22 años ya le abrieron una investigación por herejía: se negaba a tener “estampitas” de santos y solo aceptaba un pequeño crucifijo. Por suerte para él, no prosperó.
Se doctoró en Teología ya siendo sacerdote y sólo un año después “salió por patas”, como se dice vulgarmente, porque pesaba sobre él la acusación terrible de haberse desviado de la doctrina. Recorrió media Europa hasta que llegó a Ginebra, donde abandonó los hábitos (aunque antes se puso algo debajo). Desde ese momento hasta su muerte se hizo calvinista, y fue expulsado; profesor de Oxford (donde enseñó el nuevo modelo impulsado por Copérnico) atacó frontalmente el pensamiento tradicional y fue expulsado; hizo de embajador en París y fue expulsado (pero esta vez no se sabe por qué); y durante un debate público contra los Aristotelanos seguidores del aristotelismo en Cambrai, fue ridiculizado, agredido y, como no podía ser de otra manera, expulsado.
Estando bajo la protección de Giovanni Mocenigo, un noble veneciano, Giordano Bruno fue encarcelado por la Santa Inquisición, condenado por hereje, blasfemo e inmoral (y por tocapelotas profesional). Después de ocho años en prisión, torturado por su bien a ver si se retractaba (cosa que no hizo porque era más bien un cabezota), le ataron a una cruz y le prendieron fuego.
Giordano Bruno era, además de un “broncas” profesional, precursor de unas ideas curiosas para la época. Decía, y no se ponía colorado ni nada al decirlo, que el universo era infinito. Afirmaba a quien quisiera escucharle (y como se ha visto, a quienes no querían también) que las estrellas eran soles y que había otros planetas girando a su alrededor. Y, para más señas, que había vida en algunos de esos planetas. Que no estábamos solos. Y eso iba contra las palabras de Dios, escritas unos 1500 años antes en un libro sagrado.
Dicen que cuando le llevaron a la cruz le clavaron un palo a la lengua para que no pudiera decir nada a los curiosos que se juntaron para ver el espectáculo de la ejecución pública. También dicen que rechazó besar la cruz.
Supongo que el bueno de Giordano se alegraría de saber que, apenas 400 años más tarde de su muerte, se encontró el primer planeta fuera del sistema solar. Y haría palmas con las orejas de saber que ya se han descubierto más de 400 (aunque todavía son más grandes que la Tierra, tamaño que se considera ideal para albergar vida, y suelen ser gigantes gaseosos más que planetas rocosos como el nuestro).
Un dato más. El 17 de Febrero se celebra Mister Giordano Bruno, Martir, patrón de los tertulianos de la radio y televisión. Se lo ha ganado a pulso.
Sed Buenos.
PD.- Para los que no hayan cogido el chiste del título… aquí la explicación:
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Sobre llorar en el cine
Miércoles, 24 de Junio de 2009
Hola amigos.
Dice la Biblia que esto es un valle de lágrimas. Pero no para mí. Yo no soy un tipo de lágrima fácil. Es que no me sale, lo siento. Y si ya de por sí resulta complicado verme echar una lágrima, en el día a día, por medios externos es mucho más difícil. Por medios externos me refiero a alguna novela, o alguna película. Especialmente con las películas. Vamos…que no sé lo que es llorar en el cine.
Eso no quiere decir que no me emocione. Hay algunas veces que ha ocurrido. Por ejemplo, con Forrest Gump. Me llegó a la patata, que dicen. Pero contuve la emoción y al final sólo fue un nudo en la garganta. Eso sí… llega a leer sobre la tumba la carta que escribe su hijo a la madre muerta y me deshago en lágrimas. A lo mejor.
Una película que me ha emocionado siempre que la veo, y la he visto un buen puñado de veces, es Braveheart, de Mel Gibson. Que cualquiera me dirá: ¿Cómo te puedes emocionar con una película en la que pulverizan el record mundial de litros de sangre por minuto de metraje y el record olímpico de brazos cortados? Pues sí, me emociona. No para llorar, pero sí de nudo en la garganta. Pero es que la escena de William Wallace, subido en el caballo, arengando a las tropas me enciende. Es uno de esos momentos en los que me gustaría tener una espada en la mano y lanzarme a la batalla (no demasiado deprisa, no fuera a llegar de los primeros). Iba a ponerlo en letras, porque me lo sé de memoria, pero a lo mejor el vídeo se agradece más.

El final de la película es curioso. El noble Robert Bruece, un personaje con un gran conflicto interior, se encuentra con los restos del ejército de William Wallacer frente a los nobles ingleses a los que tiene que rendir pleitesía. Básicamente rendirse. Pero en lugar de eso arenga a las tropas, no al nivel del héroe de la película, pero con un discurso de esos que inflaman los corazones, y se lanzan a la carga blandiendo espadas de las que cortan, cuesta a bajo y con cara de haber perdido la razón. En la película no sabemos qué pasó.
Lo que pasó en la realidad se llamó La batalla de Bannockburn. Y ocurrió tal día como hoy, pero del año 1314. Resulta que fue la batalla en la que Escocia consiguió la tan ansiada independencia. Quizá los cronistas exageren un poco, pero dicen que apenas 6.000 escoceses se enfrentaron a 20.000 ingleses y ganaron. También dicen que había caballeros templarios infiltrados, los restos de la orden que habían escapado a las hogueras. En lugar de faldas de cuadros escoceses llevarían otras a cruces. A lo mejor, no sé. Pero con caballeros templarios luchando en tu bando cualquiera gana.
Lo que sí es seguro es que un montón de ingleses murieron aquel día. La mayoría reclutados ex profeso para esa batalla entre los campesinos de la tierra del señor. Demostrando el dicho que afirma que una guerra es un lugar donde muere gente que no se conoce defendiendo los intereses de gente que sí se conoce.
Vale. Sé que cualquiera que lea esta portada podría decir que no le ha aportado nada. Que William Wallace vivió de verdad. Vale. ¿Y qué? Pero seguro que todos habéis dado al vídeo y habéis visto mi secuencia favorita. Con eso me conformo.
Sed buenos
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Libros - Historia de España contada para escépticos
Martes, 16 de Junio de 2009Nota: Además de ser un grupo de montaña, que lo somos, aunque a veces no lo parezca, los integrantes de Escapada somos ávidos lectores. No es raro que, en las charlas que siempre surgen mientras caminamos por esas sendas madrileñas, surja el título de un libro que alguien se está leyendo y que recomiende a los demás.
He pensado elevar esa recomendación a rango de Portada, para dotar a la página con algún aliciente más para el debate. Hoy, y espero que cada martes, habrá una recomendación de un libro. En el caso de esta semana es un ensayo, pero me gustaría abarcar todos los géneros. Por cierto, en este apartado, como en todos los demás, agradeceríamos la colaboración de otros escaperos. Así lograríamos un espacio la más plural posible.
Historia de España contada para escépticos.

La portada del libro
Desde pequeño me ha gustado la Historia, la que se escribe con H mayúscula. No es que fuera mi asignatura favorita, que eran las matemáticas, pero no se me daba mal. Quizá por mi habilidad con las fechas o, más bien, porque tuve la suerte de que impartiese la asignatura un buen profesor. Pero para buen profesor de historia, el que nos abrió los ojos a la Historia que hay detrás de la Historia en 2º de BUP. El indescriptible Juan Zafra, un señor que era más doctor House que el mismísimo doctor House, pero con una mirada aguda y un don: el de mantener el interés de una clase repleta de adolescentes con una materia tan espesa como la Historia.
Pese a todo, incluso con tan buenos profesores, la Historia siempre había sido una materia inconclusa para mí. El tema Egipto, y civilizaciones Mesopotámicas quedaba bastante bien visto. El imperio romano y su caída, las sociedades feudales de la edad media… bueno. Se veía. A veces llegábamos a la conquista de América. En octavo vimos algo, pero muy de pasada, sobre la segunda Guerra Mundial. Pero sin profundizar mucho. El problema era que el temario era extenso y el año demasiado corto como para llegar a la era contemporánea.
Lo mismo pasaba con la Historia de España. Vamos a ver… no es que yo sea un señor muy patriótico. Pero me resulta interesante saber cómo hemos llegado a ser lo que quiera que seamos ahora. Pasar por la retahíla de reyes que han regido los destinos del imperio no es estudiar Historia. Necesitaba algo más.
Un día, esperando a alguien con quien había quedado, me paseaba por los pasillos de una librería ojeando los títulos. No tenía una idea muy clara de lo que quería, ni siquiera sabía si quería algo. En realidad sólo hacía tiempo. Pero vi un título que me llamó la atención. Historia de España contada para escépticos. Era de un tal Juan Eslava Galán, autor desconocido para mí en aquel tiempo. Di la vuelta al libro y leí la contraportada. No la voy a reproducir aquí, porque la podéis leer en su web, pero sólo os diré que me arrancó una sonrisa. En un párrafo extraje la idea de que ese señor tenía que ser un cachondo por fuerza.
Compré el libro, claro.
Es un libro divertido, entretenido y, sobre todo, un libro con el que se aprende Historia de una manera fácil. Es un libro que abre el apetito. El apetito de seguir conociendo cosas y de leer otros libros. Y ese apetito es bueno. No engorda mucho. En mi caso llenó muchos huecos que estaban vacíos entre épocas y se encuentra dentro de mis títulos imprescindibles.
HISTORIA DE ESPAÑA CONTADA PARA ESCEPTICOS
JUAN ESLAVA GALAN
EDITORIAL PLANETA
496 páginas
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
ISBN: 9788408062035
Colección: BOOKET
Edición:1ª
Año de edición:2004
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Sobre los piratas
Miércoles, 13 de Mayo de 2009

El capitán Jack Sparrow
Hola amigos
Cuenta la leyenda que en la juventud de Julio Cesar fue a caer en manos de un grupo de piratas. Por aquella época era muy normal que barcos repletos de malas intenciones, pero sobre todo llenos de piratas, navegaran por las aguas del Mediterráneo, sembrando el terror entre los comerciantes. Eran otros tiempos.
Julio Cesar fue identificado como ciudadano romano enseguida, es lo que tiene llevar toga y sandalias… que tienes una pinta de romano que no puedes con ella. Y decidieron pedir un rescate de 20 talentos de oro por él. El futuro tirano se sintió ofendido por tamaña falta de respeto y dijo que no podían pedir menos de 50 talentos. Y los piratas, bastante sorprendidos, así lo hicieron. Cesar escribió a sus amigos en Roma para conseguir el dinero y, mientras llegaba, se dedicó a vivir entre los Piratas.
Era un joven simpático que contaba unos chistes muy buenos, especialmente ese del centurión y el gladiador, y los piratas le cogieron cierto cariño. A pesar de que Julio Cesar decía sin ningún tipo de tapujo que cuando fuera liberado serían colgados del palo más alto de la nave. “¡Qué cosas tiene este Julio!” Decían “¡Qué cachondo que es!”.
El dinero llegó y Julio Cesar fue liberado. O sea, los piratas eran gente honrada y cumplieron su palabra. Y el bueno de Julio, fue pisar tierra, y organizar una flota para apresar a los piratas. Los encontró, les quitó el dinero y, fiel a su palabra, los colgó del palo más alto del barco. Julio Cesar era un hombre de palabra. Y como no dijo a sus amigos que les devolvería el dinero… no lo hizo. “¡Qué cosas tiene este Julio!”
Han pasado más de 2.000 años de esto y ya no hay piratas en el mediterráneo. Todos murieron o abrieron chiringuitos de playa (una caña por 2€ es, a todas luces, un acto de piratería). Bueno, y los hay que descargan música de Internet. Durante una época estuvo muy de moda lo de ser pirata en el Caribe, por lo de las playas de arena blanca y las aguas transparentes. Pero desde que las nativas empezaron a hacerse católicas, había poca chicha que ver, ya no valía tanto la pena arriesgarse a tifones y picaduras de mosquitos venenosos.
Hoy lo que está de moda es ser pirata en las costas de Somalia.
¿Por qué? Porque todas las rutas marítimas de Asia a Europa pasan por el canal de Suez y, cosas que tiene la vida, Somalia es una buena base de operaciones para interceptar esos barcos. Como los coetáneos de Julio César, estos también piden rescate por los barcos y, bueno, han tocado tanto las narices al personal que ya hay muchos barcos de guerra por la zona. Barcos que nos están costando una pasta, a la par que algún que otro bochorno legal.
Hasta el momento se pensaba que era un grupo de desarrapados en lanchas neumáticas y Kalasnikov más bien viejos, navegando con rumbo errático por el Océano índico a ver lo que podían encontrar. Pero la noticia saltó el lunes: Los desarrapados tiene alta tecnología y un sistema de espionaje muy sofisticado. Saben la posición de los barcos en tiempo real y datos sobre la carga o el personal. La globalización llegó al mundo de la piratería…
Sed buenos, Arrr
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Sobre lo que era en el principio
Miércoles, 8 de Abril de 2009
Hola amigos.
En el principio la tierra era plana. Sólo había que fijarse un poco para darse cuenta. Si la tierra no fuera plana, se caerían las cosas y sería complicado mantener el equilibrio. La tierra era plana y circular, como un plato.
Hasta que apareció Aristóteles1. Demostró que la tierra no era exactamente plana. Para ser exactos era una esfera perfecta. Y lo demostró mediante la observación de las estrellas en el horizonte en diferentes latitudes, comprobando que había variaciones en su posición, que sólo podría ser debido a la diferencia de ángulo de observación producto de la curvatura de la tierra.
En el principio la Tierra estaba quieta. Sólo había que fijarse un poco para darse cuenta. La Tierra era sólida y estaba anclada en su sitio. Imperturbable. Y el Sol, la luna y las estrellas daban vueltas alrededor de la Tierra. Lógico, ¿No? Con mirar una noche el cielo era fácil darse cuenta que la luna o las estrellas se movían, pero las montañas se quedaban quietas ¿Cómo podía ser de otra manera si Dios2 creó al hombre y lo situó en el centro del universo?
Hasta que apareció Copérnico. A Copérnico no le terminaba de cuadrar la teoría de Platón y de su discípulo Aristóteles, según la cual La Tierra ocupaba la posición central en el universo y los planetas, el sol y la luna estaban en otras esferas celestiales girando alrededor. Le chirriaban especialmente los aparentes movimientos de retroceso que hacían los planetas. Sin embargo, situando el sol en el centro del universo y a la Tierra y todo lo demás (menos las estrellas) girando alrededor, casi cuadraba todo. Pero sólo casi.
Todo parecía estar tranquilo con La Tierra, ya no tan quieta, girando alrededor del Sol en una órbita circular perfecta, al igual que los planetas y la Luna. Hasta que apareció Kepler. Y en Kepler nos detenemos hoy.
Kepler estudió para ser Teólogo. Era un chico listo con cabeza para las matemáticas y precisamente el que quedara una bacante libre de profesor de matemáticas en Graz impidió que se quedara de Teólogo. Desde siempre le interesó la astronomía y, cuando su profesor de matemáticas, Michael Maestlin, de la universidad de Tubinga le enseñó el sistema Heliocéntrico de Copérnico, se abrió todo un mundo para él.
Por aquella época el observatorio astronómico más moderno estaba dirigido por el famoso astrónomo Tyco Brahe, y allí se recopilaban unos datos muy precisos de las posiciones de los planetas en el tiempo. Gracias a esos daros Kepler consiguió establecer un modelo en el que las órbitas de los planetas no era circular, sino elíptica. Su suposición fue refutada al calcular previamente la fecha de un tránsito de Venus por delante del Sol. Paradójicamente el descubrimiento le causó una crisis, ya que no entendía por qué Dios había decidido usar elipses en lugar de círculos.
Hoy sabemos que el sol dista mucho de ser el centro del universo. Es más, el Sol está situado en un brazo exterior de la Galaxia, y la Galaxia no está en el centro del universo precisamente. Vivimos en un planeta de la periferia. Incluso sabemos que nuestra Tierra no es única. Hay otras tierras. Hasta el momento se han encontrado 350 planetas girando alrededor de otras estrellas. Ninguno de esos planetas es susceptible de tener vida, porque son demasiado grandes o están demasiado cerca de su estrella.
Encontrar otros planetas como el nuestro no es fácil, porque los planetas no emiten luz, sino que la reflejan. Normalmente son bolas negras contra un cielo negro. Pero La NASA pretende resolver ese problema. Para ello, el pasado 4 de Abril, lanzó al espacio un nuevo telescopio, el Kepler, para monitorizar unas 100.000 estrellas para descubrir planetas en ellas. Esperan encontrar al menos un planeta como la Tierra en todas y cada una de esas estrellas.
En el principio el Hombre estaba solo en el universo…
Sed buenos
1) Aristóteles fue uno, pero hubo otros muchos que dijeron lo mismo, entre los que destacaba Ptolomeo, no confundir con Ptolomeo Soler, del que ya hablé semanas atrás.
2) No necesariamente el dios católico. Los dioses de todas las culturas tienen por norma crear al hombre y situarlo en el centro del universo. Es de suponer que viene con el cargo.
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