Es sorprendente qué nos llama la atención de un libro y nos incita a leerlo. A veces es un diseño de portada espectacular, con algún que otro desnudo, o un título muy bien escogido, también con algún que otro desnudo. Otras veces nos empuja la necesidad de leer algo de manera apremiante, sobretodo si has comido algo con mucha fibra. Casi siempre es la recomendación de otra persona. Pero en el caso de La princesa prometida, nadie me lo había recomendado, no tenía ninguna urgencia, y desde luego no había nada en el diseño de portada, ni mucho menos en el título, que me llamara la atención. Por dios… ¿Princesas? Pero si yo ya tenía 15 años…
Aún así, estando tan ajado el libro, la lógica me decía que era uno que se prestaba con frecuencia en la biblioteca municipal, así que le di una oportunidad, y leí la contraportada. Ponía:
“Los mejores pasajes del clásico de aventuras y amor verdadero de S. Morgenstern, una deliciosa obra de fantasía repleta de duelos, luchas, tortura, veneno, amor verdadero, odio, venganza, gigantes, cazadores, hombres malvados, hombres buenos, bellas mujeres, serpientes, arañas, bestias de todas las formas y tamaños, dolos, muerte, hombres fuertes, encierros, huidas, verdades, mentiras, pasión y milagros.”
Y, claro, eso llama la atención a cualquiera.
El libro trata de eso exactamente. Hay una princesa, un príncipe y el Pirata Roberts. Hay un gigante forzudo y un espadachín magistral, un enano sabio, viejas brujas y el Milagroso Max. Y una capa del holocausto. Hay un secuestro y un rescate, venganza y duelos a espada. Y amor verdadero. Pero sobre todo hay toneladas de humor y juegos de palabras. La parte que más me gusta es en la que el autor cuenta que el libro no lo ha escrito él, sino que es una adaptación de “las partes buenas” del libro que escribió S. Morgenstern y que le leyó su padre siendo él muy pequeño cuando estaba enfermo de neumonía.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, para los que no quieran leer, hay una adaptación al cine muy digna. Una de las escenas míticas de la película: el duelo entre Íñigo de Montoya y el Pirata Roberts.




