La llegada a Goriz fue fría y húmeda. Y por la noche no pareció mejorar la cosa. Soplaba un viento muy fuerte que golpeaba las ventanas y sonaba como lo haría un ventana en una película de terror. Se puede andar con lluvia, nevando y casi con niebla… pero andar con un viento hipohuracanado es de lo más incómodo. Así que al acostarnos no habíamos decidido qué hacer. Había varias alternativas, y en ninguna de ellas estaba ascender a Monte Perdido.
Pero el destino es caprichoso a veces y el día amaneció soleado y tranquilo. Ni pizca de viento y todo el mundo enfiló hacia Monte Perdido… así que nosotros no fuimos menos.
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Bravo!! excelente escapada, felicitaciones a tod@s, sois unas máquinas!!!