Índice de: Viaje a Nepal
- Nepal (1) – Katmandú
- Nepal (2) – Donde viajan 15…
- Nepal (3) – El trekking
Siguiendo con la anterior entrega, Nepal (1) – Katmandú, continuo con las aventuras en Nepal.
Que necesitábamos un guía fue algo que se demostró muy temprano por la mañana. Madah apareció en el hotel puntual y nos arrastró a dos minúsculos taxis (del tamaño de un R5 de los de antes) donde nos acercaríamos a la estación de autobuses. En los taxis viajaríamos, además de nosotros cuatro, los dos serpas y el guía, los dos conductores y las diez mochilas… una prueba digna del “Qué apostamos”. Conseguimos superar la prueba, aunque no sin esfuerzo. Y casi sin darnos cuenta estábamos otra vez inmersos en la vorágine caótica del tráfico mañanero. Eran las seis y media de la mañana.
En nuestro deambular del día anterior habíamos visitado Thamel con sus tiendas de artesanía y las calles situadas al sur entre Thamel y la plaza Durbar. Y las calles situadas todavía más al sur de la propia plaza Durbar hasta una carretera más gorda y llena de coches que no nos atrevimos a cruzar. Aún así, y aunque creíamos lo contrario, apenas habíamos salido de la parte de Katmandú más benigna para el turista. Lo que contemplamos desde las ventanillas del taxi era aún más típico y pintoresco.
Esa parte de la ciudad era más sucia y maloliente que lo que habíamos visto. El barro producto de la lluvia torrencial de la noche no ayudaba demasiado a mejorar el aspecto general de las calles. Los montones de basura tampoco, aunque lo de las vacas o los perros comiendo de ellos ponían una guinda pintoresca a la estampa. Aún así, la gente parecía ignorar todo aquello y preparaban sus chiringuitos ambulantes de comida, los puestos de venta de carne o disponía los montones de ropa occidental en sábanas en el suelo. Los niños de uniforme se dirigían al colegio y se veía a más de un serpa con su pesado fardo a la espalda. Podíamos decir que Katmandú se preparaba para el ajetreo de un día normal.
En un determinado momento los taxis se detuvieron en una cuneta y nos bajamos. Habíamos llegado a la estación de autobuses. La única diferencia entre la estación de autobuses y los montones de basura que habíamos dejado atrás era que, nuestro montón de basura, también tenía tres furgonetas aparcadas y muchas personas apelotonadas a su alrededor. Ese sería nuestro transporte hasta Besi Sahar, por así decirlo.
Dicen que donde viajan 15 entran perfectamente 25, apretujándose todos un poco. Si además viaja alguien en el techo de la furgoneta, ese dicho es aún más cierto. En nuestro caso ese que viajaba en el techo era un niño, el cual supongo que se agarraba a nuestras mochilas. Aquello nos hizo gracia… lo del niño en el techo, lo de ir apretujados… incluso la música del radiocasete. Pero la gracia duró una media hora, más o menos. El resto del viaje, las siguientes seis horas, fueron muy duras: envidiamos a la clase turista de los aviones… al menos ellos tienen más espacio.
http://www.dailymotion.com/video/x8wdp6
Las carreteras en Nepal no están muy bien. De hecho, las dos que tienen, están fatal. Y de las dos que hay (que lo mismo son tres), nosotros cogimos la más transitada: la que va desde Katmandú a Pokhara. Esta carretera discurre por una serie de profundos valles y sus correspondientes ríos de aguas turbulentas, colinas repletas de bancales de arroz y pequeñas poblaciones agrícolas. En un alarde de originalidad, la denominan “Prithvi Highway”, demostrando que no tienen muy claro lo que es una autopista. Pero desde luego que el viaje por esta autopista es muy interesante… entre otras cosas (pero no fundamentalmente) porque las vistas que se disfrutan de los valles son impresionantes. Los ríos se meten en el fondo de profundos barrancos… barrancos junto a los que discurre la carretera, estrecha y bacheada, muchos metros más arriba. En ocasiones hay puentes de hierro (en apariencia sólidos) que atraviesan esos barrancos y se cambian de margen del río. La palabra “barranco” cobra una importancia capital, sobre todo teniendo en cuenta que los conductores de camiones, de furgonetas repletas hasta el techo de viajeros o los propios autobuses, motocicletas o coches particulares tienden a circular con los mismo hábitos que apreciamos en Katmandú… esto es, a toda velocidad y por donde les da la gana. De hecho lo que hace realmente interesante la Prithvi Highway es que no sabes en qué momento te va a sorprender la muerte. Me explico:
Imaginemos que delante de nuestro vehículo (recordad, una furgoneta cargada hasta los topes) hay un camión enorme subiendo como puede por la empinada carretera. A lo mejor va dos kilómetros por hora más despacio. Es inaceptable y el conductor de la furgoneta (en la que vamos) decide adelantar. Para ello invade el carril contrario mientras le da al claxon como si en ello le fuera la vida. En realidad en ello le va la vida, porque en el carril contrario seguramente vendrá un vehículo, y al escuchar esos pitidos lo más seguro es que ande alerta. El sistema funciona… porque prueba de ello es que estoy aquí. Pero acojona un huevo.
A veces un camión se estropea en mitad de una cuesta y la marcha se para. Y en ese momento aparecen de la nada decenas de vendedores ambulantes: bananas, manzanas, botellas de agua (con o sin precinto), bolsas de patatas fritas o scnacks locales (muy picantes)… cualquier cosa es ofrecida por las ventanillas. Y, misteriosamente, en el momento en que la marcha se reanuda, desaparecen sin dejar rastro…
Otra curiosidad de las carreteras Nepalesas es la decoración de sus vehículos. Los camiones llevan cintas de colores atadas a los radiadores o las ruedas, a veces hasta el punto de que es difícil ver por el parabrisas; o pinturas de lo más variopintas adornando la caja, encima de los faros algunos llevan pintados unos ojos, o lemas como “Speed limit” en los parachoques. Ver una caravana de camiones circulando por la carretera recuerda al circo cuando llega a la ciudad. Y como el claxon es tan importante para ellos (su vida depende de ello), lo personalizan con sus propias melodías, por lo que estar en un atasco es como un día de feria… en cada momento uno espera escuchar cosas como “Que alegría, que alboroto… otro perrito piloto”.
Después de una parada para estirar las piernas, llegamos a Dumre, una encrucijada de caminos y un crisol de culturas del que ya hablaré más adelante, giramos a la derecha y nos encaminamos hacia Besi Sahar, lugar donde alquilaríamos un Jeep para intentar acercarnos la máximo posible al lugar teórico de inicio de la ruta. Besi Sahar estaba repleta de turistas, grupos y más grupos de montañeros esperando para lo mismo que nosostros… un transporte. Chewan, nuestro guía, estuvo vivo y nos consiguió plazas de lujo en un destartalado Jeep… de lujo por ser al lado del conductor (y poder dejar constancia gráfica del viaje), pero donde se botaba igual o más que en el resto del vehículo. Esos últimos 9 kilómetros fueron la mar de divertidos.
http://www.dailymotion.com/video/x8wdl7
El Jeep nos llevó hasta un pequeño pueblecito llamado Bhulbhule, colgado sobre el río Marsyangdi Nadi, el que sería nuestro inseparable compañero de viaje durante los próximos días, y al que se llegaba pasando por un espectacular puente colgante. Allí pasaríamos la primera noche en un lodge.
http://www.dailymotion.com/video/x8wdoi
Al día siguiente madrugaríamos mucho, como inicio del primer día de marcha. Así que lo que tocaba era irse a la cama pronto. En realidad tocaba irse a la cama pronto porque no había luz en el refugio y, en cuanto se puso el sol, no había nada que se pudiera hacer. Antes de acostarme, mantuve una charla con Mariu. La verdad es que, aunque el día había sido excitante, tenía algo que me rondaba en la cabeza, y con cierto regusto amargo. Parece raro pensar en lo que se hará después de algo que no se ha empezado, quizá sea por deformación profesional o algo así, pero lo cierto es que ya estaba pensando en lo que haríamos al finalizar el recorrido por los Annapurnas. La intención para después del trekking era ver el país por nuestra cuenta… pero si las estaciones de autobuses eran como las habíamos visto, y era la única posibilidad para moverse por Nepal, estando cargados con dos enormes petates por cabeza como estábamos… las probabilidades de que saliera bien eran más bien remotas. Casi me estaba inclinando por dejarnos llevar por la agencia de Madah a hacer un tour por la selva… como un vulgar turista. De todas maneras decidimos retrasar la decisión hasta el último momento.
Debería contaros algo acerca de las arañas grandes como puños y peludas como cosas que sean peludas que había un poco por todas partes… pero sólo acordarme de ellas me da repelús. Así que no os diré nada.
