
Mogollón de "amigos"
Hola amigos.
Hace algún tiempo, y no tanto en realidad, lo que estaba de moda en Internet era tener un avatar tridimensional e interactuar con otros avatares en un mundo virtual. Si os acordáis, ya os hablé de ello entonces. Lo bueno que tenía esto, bueno para los que lo inventaron, era que podías transformar dinero real en dinero virtual y comprarle multitud de cosas virtuales a tu avatar virtual. Un negocio redondo y para nada virtual.
A lo mejor no lo recordáis, pero por ejemplo, noticias como que un político español, en este caso Llamazares, en plena campaña electoral dio un mitin en Second Life (que por cierto, podéis ver aquí), no eran tan raras por aquel entonces. Se hablaba del negocio del siglo, de un cambio en la sociedad y no se cuantas patochadas más. Poco después, Second Life pasó de ser lo último a convertirse en el último Bluff, que es el término que se utiliza para definir los negocios en Internet que parecían pero que al final no pudieron ser. Ahora, en el universo de Second Life hay arbustos rodantes virtuales campando a sus anchas, azotados por un viento virtual, entre las ruinas de una ciudad virtual completamente vacía.
¿Por qué?
Porque lo que está de moda ahora es otra cosa: Las redes sociales. Habréis oído hablar de ellas seguro. Facebook, Myspace… son palabras que resultan habituales en los medios de comunicación. Tristemente una de ellas, Tuenti, ha sido muy nombrada en los últimos tiempos a causa de la desaparición y muerte de la joven sevillana Marta del Castillo.
¿Qué es una red social?
Básicamente es un sitio donde dices quien eres, cuales son tus gustos y qué haces en tu tiempo libre, dónde trabajas y que estudios tienes. Puedes poner tus fotos del verano para que tus amigos las vean y comenten, o las canciones que te gustan, escribir tus pensamientos o colgar tus dibujos. Y en esto no es diferente a lo que ya había. Lo que es nuevo es la posibilidad de hacer referencia a gente que conoces. A esto se le llama “añadir como amigo”, y es, básicamente, decirle al sistema que ese señor es amigo tuyo. De esa manera se monta una red de contactos, donde es posible añadir a amigos de amigos de amigos a tu lista de amigos.
Además el sistema te permite buscar a la gente que estaba en 5ºA en el colegio, y añadirles como amigos. A la gente de la universidad, a los del club de petanca. O a todos los que se te pongan a tiro. Porque en realidad no cuesta mucho mantener estas amistades y mola mucho tener miles de amigos.
Incluso es posible adherirse a grupos de interés. A los fans de Comando G; a los negacionistas del cambio climático; a los usuarios de robots de cocina… miles de grupos de interés, con sus correspondientes contactos y listas de “amigos”. Y, claro, también hay gente que recorre la red buscando solteras rubias de bote, o guapos a los que le gusten los animales con más de 6 patas… a fin de cuentas, 150 millones de personas apuntadas sólo a una de estas redes sociales dan para encontrar cualquier cosa.
Hasta aquí los hechos. Ahora viene mi opinión, que espero que me refutéis adecuadamente si opináis lo contrario, sobre todo porque sé que muchos de los que ahora me leen son usuarios de este servicio.
Los señores dueños de este tinglado tienen es su poder una enorme cantidad de información. Edad, profesión, estudios, hábitos de consumo, gustos musicales, preferencias cinematográficas, opciones de ocio y tiempo libre, destino de viajes preferidos… las agencias de publicidad del mundo entero darían el brazo derecho de su mejor ejecutivo por tener tanta información. Evidentemente el negocio está en eso, en vender la información a quien quiera pagarla. Obviamente no de un usuario en concreto, pero, por ejemplo, pueden saber si un determinado producto se puede vender a un determinado colectivo, de un país o región, con unos determinados estudios, o hábitos de ocio concretos… y esa información es muy valiosa. Es una encuesta que 150 millones de personas hacen voluntariamente cada día.
A cambio podemos poner nuestras fotos o textos, cuyos derechos de explotación, ojo, cedemos completamente gratis a perpetuidad incluso después de ser borradas… lo que llaman un canto de sirena.
Claro que, tampoco voy a engañar. Yo estoy en una de esas redes sociales e, invariablemente, tengo añadidos a amigos y conocidos. Porque, aunque no tengo ninguna información real en mi perfil (con lo que sólo los que me conocen en persona saben quien soy), la red de contactos me parece una herramienta poderosa de promoción. ¿Qué tengo que promocionar? De eso hablaré en otra portada.
Sed buenos.
