
Tarta de cumpleaños
Hola amigos.
Cuando era muy pequeño vestía con un baby de rallas blancas y azules. Iba al colegio todos los días y, por culpa de mi incontinencia verbal, no pude cursar primero de preescolar. Pasé a segundo directamente y lo hice dos años seguidos. Yo no lo recuerdo, era muy pequeño, pero mi medre lo repite siempre que tiene ocasión. Hablaba por los codos y revolucionaba a la clase entera. Así que me llevaron con los mayores. Y esa es la razón (junto con las botas de Frankestein) de que me guste tanto leer.
La incontinencia verbal ha continuado desde entonces. Ahora la derivo también en forma de textos escritos, las llamadas portadas, a fin de no cansar al auditorio. Esa incontinencia verbal me valió para ganar mis primeras elecciones a delegado de clase (en una apurada segunda vuelta con un niño llamado David). El cargo lo fui renovando hasta que el macarra de la clase me partió la cara por apuntarle en la pizarra (decidí que quizá era una tarea muy peligrosa y muy mal pagada). También me sirvió ascender en el escalafón político, entrar en el consejo escolar, buscarme la enemistad de mi tutor y, a la postre, pasarme un verano “estudiando” matemáticas en la única vez en mi vida que me quedó algo para septiembre. Ni que decir tiene que mi tutor era, además, mi profesor de matemáticas… por si no había quedado claro.
Y ahí terminó mi fulgurante carrera política. Como se ha podido ver últimamente, lo dejé demasiado pronto… porque ahora podría ser un rico alcalde o un millonario concejal. Pero cuando uno es un niño, la política no tiene ningún beneficio.
De todas maneras, me estoy enrollando malamente, porque no es de esto de lo que quería hablar. Pero la incontinencia verbal es lo que tiene. Todo venía por lo del Baby a rallas. Recuerdo el baby, las rallas azules y blancas, recuerdo las mesas hexagonales (con una me abría la cabeza), recuerdo el patio del recreo y recuerdo todos y cada uno de los días en los que un compañero se levantaba del pupitre y empezaba a repartir caramelos entre los compañeros. Luego se situaba junto a la profesora y le cantábamos el cumpleaños feliz. Esto ocurría con cierta frecuencia, claro. Y lo recuerdo no porque disfrutara mucho con los caramelos, porque no me gustaban (nunca he sido propenso a comer cosas muy dulces)… sino porque era algo que yo no podía hacer. De hecho, no lo hice nunca.
Es lo que tiene cumplir los años en agosto. No hay colegio. No había amiguitos con los que hacer una fiesta ni podía recorrer los pupitres dando caramelos. No había más felicitaciones que de la familia más cercana (papá, mamá y los dos pequeñajos) y, lo peor, no había más que un regalo… quizá por ello le doy tanta importancia a las fechas e intento felicitar a todos el día de su cumpleaños…
Ahora, por suerte, están los móviles y hay muchas felicitaciones… un día me voy a dar el gustazo de alquilar un aula, juntar a mis amigos y repartir caramelos… como cuando era un crío.
Sed buenos.

muchas felicidades!!!¿q dia es tu cumpleaños?yo tambien cumplo en agosto, asi q tampoco pude nunca tener fiesta con mis amigos de clase…. claro, q las fiestas en el pueblo con todos mis primos y demas siempre me parecieron mas divertidas
Yo no tenía fiesta en el pueblo… mis padres fueron más de camping y cambiar de sitio cada verano… así que no había muchas posibilidades de celebrarlo. Mi cumple es a finales de esta semana… 32 añitos de nada. En fin…
Ainssss… Me ha llegao…¿Y qué hay de cuando intentas hacer una fiestecica de cumpleaños con tus amigos, como a las que ellos te invitaban en sus casas, y en lugar de ser los 20 de la clase son sólo un par de ellos, los únicos que no se han ido de vacaciones?Para todos los que cumplimos años en estos días veraniegos…FELIIIIIIZ FELIZ EN TU DÍAAAAAA!AMIGUITO QUE DIOS TE BENDIGAAAAAA!QUE REINE LA PAZ EN TU DÍAAAAAA!Y QUE CUUUUUUMPLAS MUUUUUUCHOS MÁAAAAAAS!BIEEEEEEN!
Suscribo las palabras de Kibu….