Sobre el sábado noche II

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Hola amigos.

Aquí viene la segunda entrega de mis aventuras un por la … por supuesto que, al igual que la primera entrega (sobre el sábado noche), no pretende ser un fiel reflejo de la realidad, ni mucho menos, sino más bien lo que yo percibí y pensé. A lo mejor la cosa no fue tan mala…

Era la noche del partido del siglo. Como partidos del siglo hay como dos por temporada, concretaré más. Fue hace dos sábados. Hacía tiempo que no organizábamos una noche “sólo tíos” y el era la excusa perfecta. Así que nos fuimos a un bar a disfrutar de unas cervezas bien frías, una montaña de patatas con salsas de todos los tipos y un partido de fútbol en la tele. Y dar rienda suelta a nuestra testosterona soltando injurias contra el árbitro, el gobierno o el clero. Estos partidos del siglo suelen ser una castaña normalmente, pero al fina el partido fue bueno, muy movido y con goles, divertido, así que la cosa no estuvo mal.

Al terminar el encuentro, saciado el estómago, y con el comentario de alguna jugada dudosa flotando en el ambiente, nos fuimos a un conocido garito de cercano al bar del partido. Tres gorilas en la puerta echaban con “delicadeza” a dos jóvenes imberbes que intentaban colarse sin tener la edad permitida, lo que me trajo recuerdos de juventud (que podéis leer tantas veces como queráis en la portada Sobre Plutón). A nosotros nos dejaron pasar sin problemas al local de moda, vacío debido a que la mayoría de la gente estaba todavía con el partido. Nos fuimos a la barra de arriba, igual o más vacía que la de abajo, pero con una camarera de enormes… eh, ojos, y un escote hasta el ombligo, para tomar el primer pelotazo de la noche. La música muy alta, las luces muy brillantes y absolutamente nadie a nuestro alrededor.

A los pocos minutos aparecieron dos o tres bellezas de cuerpos esculturales, faldas muy cortas y camisetas muy ajustadas, acompañadas por otros tantos tipos altos y fornidos, y con una pinta de mafiosos rusos que tiraba de espaldas. Ninguno era Vadim (Para saber la historia de Vadim, leed la portada Sobre Vadim (vadim, Vadim Vadim vadero) Parte 1 y siguientes). Las chicas bailaban contorneándose muy provocativamente, quizá echando en falta una barra metálica a la que agarrarse. Pero la presencia de los tipos altos y fornidos invitaba a mirarlas sólo de soslayo y no durante demasiado rato…

Poco a poco el local se fue llenando y ya estábamos bastante apelotonados, lo que viene a ser normal en un bar de moda. De pronto noté en mi hombro izquierdo como alguien me daba varias veces con el dedito. Al volverme veo a una chica bajita y pelirroja que me sonríe. Y me dice, con un perfecto acento argentino: “Sé que vos mueres por mí, pero yo te ignoro”. Y sin darme tiempo a reaccionar añade “¿Te puedo presentar a unas amigas?”. “Claro”, respondí, porque ante todo soy adecuado y porque lo mismo alguna de las amigas es más guapa o, al menos, puedo mirarla a la cara sin que se me salten las lágrimas. La sigo hasta el otro extremo del bar, donde se han hecho fuertes en una esquina un grupo de y un chaval especialmente bailongo. El examen inicial no es muy alentador.

Primero me presenta a una chica morena y muy bajita, supuestamente turca y, según me dijo la argentina, refugiada política en nuestro país por no quererse poner el velo islámico (un error, en mi opinión, por que el velo le taparía la mayor parte de la cara, lo que mejoraría su vida social). Después le llegó el turno a una china, bastante alta en comparación a las dos anteriores y, curiosamente, con nombre de pantalón vaquero: Lee. También, al igual que la turca, hacía como que bailaba. La siguiente era una chica nacional, de Vallecas concretamente, que era la doble de la señorita Rottenmeyer, pero con el pelo suelto y venida a menos. Además, estaba demasiado flaca o, quizá, demasiado cerca de la siguiente en ser presentada: una chica de Fuenlabrada, que, a juzgar por el tamaño de su trasero, debía ser de Fuenlabrada y Móstoles a la vez… La chica estaba bailando con asombrosa facilidad (dadas las circunstancias) en una alarde de grasa en movimiento que me hizo dudar de la veracidad de la fuerza de la gravedad. Por último, el ecuatoriano apenas dejó de bailar un segundo para estrecharme la mano y seguir a lo suyo.

Una vez hechas las presentaciones de rigor (de rigor mortis, por lo menos), la argentina entró a saco al tema que la ocupaba: Acoso y derribo del “Macho Hispánicus”. Para ello utilizó todos sus encantos, o lo que ella consideraba sin duda encantos, y los utilizó varias veces, con saña. Ahí me di cuenta que nunca seré como el Doctor House, no fui cortante ni directo. En lugar de decir “Mira tía, no he bebido lo suficiente para que me moles, y de haberlo bebido créeme que no sería capaz de articular palabra o mantenerme de pie”, me salió un “Es que mis amigos está al otro lado del bar y vería feo dejarles solos”. Y en lugar de darse por enterada, siguió bailando “sensualmente” a mí alrededor. A mi cabeza vinieron imágenes de Belén Esteban en el carnaval de Tenerife…demasiado para un humano medio. Aguanté unos instantes e hice el ademán de marcharme de nuevo pero ella insistió en que me quedara. “bueno, me quedo, pero llamo a mis amigos para que también se vengan”, pensando en que, con refuerzos, lo mismo la cosa mejoraba (aplicando el dicho de: Mal de muchos…”). Pero ella me dijo que mejor que no, que mis amigos “no tenían ”. Por suerte, en un momento de descuido me zafé del férreo marcaje a la italiana de la argentina y regresé al seno de mi grupo de amigos. Por en vez de recibir el comprensivo y cálido apoyo que esperaba, obtuve burlas y chistes varios.

Y la argentina volvió a la carga a los pocos minutos. No la vi llegar y me atacó por la espalda. Otra vez. “Eso no se le hace a una señorita”, me dijo. Y en lugar de decir “Es que no he visto a ninguna”, le dije: “Espera, que te presento a mis amigos”. “¿Qué amigos?” Y la pregunta era apropiada… mis amigos habían desaparecido en cuestión de centésimas de segundo… vi al último alejarse entre la multitud como una sombra fantasmal. Para ganar algo de tiempo le dije a la argentina que me iba a la barra por algo de beber pero que volvía en unos instantes. A ver si con un poco más de le veía algún encanto… o perdía el conocimiento. Y llegó el segundo pelotazo de la noche.

La argentina seguía sin desistir y ahora se había traído a su amiga la turca. Por suerte mis amigos aparecieron de nuevo y pude ignorarla un poco más. Aún así tardó un rato en darse por enterada… un rato que se me hizo eterno. Lo peor fue aguantar las burlas de mis amigos el resto de la noche…

El acontecimiento me hizo pensar… por un lado está la satisfacción del ego. Alguien del sexo femenino, entre la multitud que pululábamos en el bar, se fijó en mí. Eso, sin duda, es algo positivo. De entre todos los “machos” del bar, yo fui el que más le gustó. Además, y en contra de lo que suele ser habitual, decidió dejarse de sutilezas y entrar a la acción frontalmente. Era, por tanto, una mujer valiente y decidida. , pero valiente.

Pero por otro lado también se puede ver desde otro ángulo mucho, pero que mucho más descorazonador: una mujer que competía por estar entre las cuatro o cinco más feas del local (y posilemente del planeta tierra) pensó que yo podría ser presa de sus encantos… lo que no me dejaría en buen lugar. ¿No?

Sed buenos

Acerca de Kike Castelló

Montañero, escritor, bloguero, productor, guionista y director de cine, revolucionario aficionado, tertuliano a ratos, ex presidente de mi comunidad, buen profesional y mejor persona. Y ahora también tío. Me considero un Leonardo DaVinci de la éra moderna. Evidentemente, me tengo en gran estima.
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2 respuestas a Sobre el sábado noche II

  1. José Manuel dijo:

    Eres grande Kike.

  2. Julia dijo:

    Le dijo la sartén al cazo

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