
Una pareja rompiendo
Hola amigos.
Un domingo por la tarde estábamos un grupo de personas tomando algo en una cafetería después de haber hecho un cine, cuando un acontecimiento insignificante llamó nuestra atención. Y os lo comento, porque me pareció la mar de curioso. De hecho, si yo fuera psicólogo, que no lo soy ni lo pretendo ser, podría hacer un estudio de campo sólo con las cosas que se dijeron en nuestra mesa durante los mitos siguientes.
El la mesa contigua a la nuestra había una pareja de jóvenes de no más de veinte años. Una chica flaquita, muy de las que se llevan ahora, y un chaval alto, moreno y barbudo. Una pareja normal y corriente. Posiblemente una pareja. A lo mejor no. Lo realmente significativo y que llamó la atención de casi todos de los dos personajes, es que ninguno de los dos se miraba o se hablaba. Ella tenía la pintura de los ojos corrida y aferraba un pañuelo de papel en su mano. Tenía la mirada perdida y los ojos rojos, posiblemente a causa del llanto. Él miraba al frente y jugueteaba con una caña de cerveza a medio beber.
Se desataron una serie de hipótesis sobre lo que estaba ocurriendo en la otra mesa. Para las chicas estaba claro: se trataba de una pareja en pleno acto de ruptura. Parecía evidente que había sido él el que estaba planteando la cuestión, y era ella la sorprendida. Él, impertérrito, aguantaba las lágrimas de su joven ex amante intentando pasar la situación lo más rápidamente posible. Es probable que se maldijera por haber optado por una cafetería donde NO estaban dando el partido del Madrid (cosa que habría hecho más soportable la situación). Era evidente todo esto.
Pero de pronto se introdujo una variante. Él no sólo la estaba dejando, sino que, además, le había puesto los cuernos. Posiblemente con más de una. Incluso es más que probable que con su mejor amiga (¿Para qué están las mejores amigas ni no? Ya que los hombres son infieles por naturaleza, al menos que lo sea con alguien de confianza, y no con una buscona roba novios cualquiera). Así que, no sólo le estaba partiendo el corazón al dejarla, sino que, además, le estaba descubriendo su recién adquirida facultad de cornuda. Vamos, lo que se dice una tarde perfecta.
Ninguna de mis acompañantes esa tarde se molestó en pensar algo positivo del chaval. Por ejemplo; Podrían no ser pareja. A lo mejor él es su mejor amigo y ella se estaba desahogando por un pesar: la muerte del bueno y viejo Pelusas, el gato de la familia. A veces no hace falta decir nada para consolar a alguien, basta con estar ahí y ya está (incluso sacrificando el partido del Madrid). O puede que ella llorara desconsoladamente por no haber entrado a formar parte de Operación Triunfo. Esas cosas también pasan en el mundo real de la gente de esa edad. O estaba molesta por haber suspendido el carné de conducir por cuarta vez (yo lloré como una magdalena cuando me pasó a mí, y no tenía veintipocos años precisamente).
Sin ninguna señal aparente, se levantaron de la mesa, él pagó la cuenta y se marcharon sin mediar palabra… ¿Qué habría pasado realmente?
Sed buenos.
PD.- Yo creo que no habían cortado. Para eso se inventó el SMS, ¿No? “Lo dejamos. Pasalo·”

Kike, es que era muy evidente lo que allí pasaba.Tu hipótesis “positiva” se resquebraja ante la coincidencia intuitiva de las 4 mujeres allí presentes… y no es cuestión de lucha de sexos, para nada… podía haber sido al revés. Solo había que ver las caras, de dolor y tristeza de ella, sus miradas de “no me dejes por favor, eres mi héroe” y la cara de autosuficiencia mezclada con “a ver si se termina la escenita y me voy pa’ casa” de él…
Ya, si todo apuntaba hacia ese lado… Pero yo era por llevar la contraria. Es que las mujeres montáis en seguida una barricada en la lucha de géneros…