
Hola amigos.
Cuando era pequeño, tan pequeño como el Carlos Alcántara del principio de Cuéntame, eran los primeros años de la década de los 80. Mis padres habían pagado la entrada de un piso a base de mucho esfuerzo en un barrio nuevo de Fuenlabrada, abandonando el pisito alquilado de Plaza Elíptica, así que podríamos decir que habían prosperado un poco. Aquel piso, situado en la octava planta de una torre enorme en la calle Andorra, era pequeño y frío, en invierno, y pequeño y caluroso, en verano. Aunque lo de pequeño lo descubrí recientemente, cuando tuve que volver por allí. A mí me parecía enorme todo por aquella época.
Mis mejores amigos del mundo estaban allí. Paquito, Alfonsito y Orlando. Los cuatro éramos más o menos de la misma edad y, al igual que la serie de televisión, éramos la pandilla inseparable. Quizá visto desde la distancia, y con el filtro de haber olvidado los malos momentos, fue una infancia bastante feliz. En verano nos quedábamos hasta las tantas en la calle, jugando a Fuga, cuando hacía fresquito y apetecía correr, y durante las horas de calor, jugábamos al Risk o al Monopoly a la sombra. Una vez organizamos los juegos Olímpicos del bloque, con entrega de medallas y todo. Y otra montamos un casino con ruleta y tragaperras (y beneficios). Después de las lluvias era la temporada de la Lima, y poco después venía la peonza, o las canicas. Durante la vuelta a España, jugábamos a las chapas (con los caretos de los corredores recortados de los cromos y pegados en la chapa), haciendo los intrincados circuitos con las manos en la arena; y cada semana había un mundial de fútbol con chapas y un garbanzo, dibujando el campo con tiza en la acera.
Montamos un sistema rotativo de liderazgo. Cada semana era uno el jefe de la pandilla que, por cierto, estaba en permanente guerra con otra pandilla del portal 9 por la supremacía del patio de atrás. Los columpios quedaban de nuestro lado y teníamos guerras de piedras por ellos, a suficiente distancia como para no darnos casi nunca. Nunca fui alcanzado por ninguna piedra, al contrario que varios de mis amigos, aunque nadie pueda dudar de mi valor en el campo de batalla. Aunque el puesto de jefe era rotativo, el jefe moral era Orlando, por ser el que mejor jugaba al fútbol. Una vez hizo las pruebas para entrar en el Madrid y todo…
Solíamos colarnos en el colegio de enfrente por un agujero en la valla para jugar al fútbol o, fíjate tú que cosas, al béisbol (pero no se valía tirar fuerte). Y nos inventamos un juego, que llamamos tejadobol, que consistía en tirar una pelota de tenis a un tejado y cogerla antes del segundo bote (al principio era al primer bote, pero era muy complicado). Mi amigo Paquito y yo, que vivíamos en la vertical aunque con 6 plantas de diferencia, nos montamos un teléfono hecho con dos yogures y un cordel de lana que, francamente, no llegó a funcionar nunca por las interferencias en la línea, pero que nos mantuvo entretenidos durante días enteros.
Lo sé. Suena mucho a infancia feliz de película americana. Pero os prometo que fue así… insisto que filtrando los malos momentos, que supongo que los habría, aunque no los recuerdo. Me pregunto si cuando tenga un hijo tendrá una infancia parecida. Me imagino que no se le parecerá mucho.
Para empezar su barrio no será ni parecido al que yo tenía. De hecho, seguramente no tendrá barrio… tendrá urbanización. Con piscina, eso sí. Viendo como están las cosas hoy en día, que no se ve a un niño jugando en el parque sin que estén alguno de sus padres/abuelos con ellos, difícilmente habrá guerras de piedras. Es más, ya no quedarán piedras por no ser elementos homologados de diversión infantil. Hacerse un teléfono con dos yogures y un cordel será una tontería primitiva, ya que mi crío dispondrá de lo último en telefonía 5G (¿No es una gilipollez darle un “móvil”· a un niño para tenerle localizado? Al ser un “móvil” nunca sabes realmente donde está, sólo sabes que lo tiene encima), y se comunicará con sus amigos por el. Sin interferencias en la línea. Y jugar al fútbol… eso sí que será difícil. Tal y como está la natalidad en este país… como para juntar a 11 niños.
Sed buenos.

Kike, échate novia ya.Ángel
PD: Nos vemos en La Barranca
Kike, seguro que serías muy bueno de guionista, habla con los de Cuéntame, les harías un favor, porque se les están acabando las ideas. Ahora va Antonio Alcántara y se juega el piso al póker… me están empezando a dar miedo con esos giros de guión tan poco congruentes…
Pues si te ha parecido bueno, no te pierdas el especial que he preparado para los dís 15, 16, 17 y 18 de enero. Una portada dividida en 4 capítulos por petición de una escapera.Por cierto, sólo vi el final, pero también me pareció un poco raro lo de Alcántara. Igual que los repentinos celos de su mujer. Supongo que ya son muchos años de serie, y hay que tocar todos los palos.