
Calabaza de Halloween
Hola amigos.
Dice un viejo chiste, tan malo como viejo, eso de: “Zutto o muette?. Zutto… Uhh!! ¡Qué Zutto! Pué habé pedio muette!!”. Pues eso es lo que más o menos vendrá a pasar durante toda la noche en millones de hogares anglosajones. Porque esta noche es la noche de difuntos. O más conocido por aquellas tierras como noche de Halloween. Pero la cosa no queda ahí, no. Como si de un destilado cultural del American way of life se tratase, esta noche se celebra la noche de Halloween en miles de hogares Españoles, con sus calabazas y sus trucos o tratos. Sus caramelos y sus niños repelentes disfrazados de supermán. Y es que estamos siendo invadidos, por esta culturilla americana, y dando de lado a nuestras sobrias tradiciones milenarias… ¿O no?
Para empezar, un poco de historia. ¿Dónde se originó la fiesta de Halloween? Pues aquí, en el viejo continente. Las ancestrales culturas celtas que pululaban por Europa, principalmente por Francia, irlanda e Inglaterra, ya celebraban una fiesta muy parecida a Halloween mucho antes de que los romanos “civilizaran” la zona. La fiesta era la nochevieja de aquel entonces y, quitando algún que otro sacrificio humano, al igual que hoy, la gente se disfrazaba de muerto, decoraban las casas como si se tratase de cementerios y encendían grandes hogueras, con el único propósito de ahuyentar las almas de los difuntos que querían volver.
Luego vinieron los romanos. La cultura romana era una fiesta constante. Como adoraban a muchos dioses y añadían los dioses de las culturas fagocitadas (por si acaso, no sea que enfurezcas a una divinidad por prohibir su culto), tenían mogollón de fiestas durante todo el año. Y no les importó añadir esta. Además, coincidía en fechas con la fiesta de Pomona, diosa de los árboles frutales, por lo que añadieron lo de regalar manzanas (y por evolución, caramelos) a la fiesta de los difuntos.
Luego de los romanos, los cristianos (que tontos no eran) acogieron la fiesta de difuntos y la rebautizaron como de todos los santos, siendo hoy el día de todos los santos sin suficiente importancia como para tener un día propio en el calendario. Pero por mucho afán que le pusieron, no consiguieron quitar del todo la tradición pagana de disfrazarse, dar sustos y demás parafernalia del Hallowen (que todo sea dicho de paso, mola mucho más que orar y recordar las acciones piadosas de los santos sin suficiente importancia como para tener un día propio en el calendario)
Al pasar la tradición celta a Norteamérica, a través de los emigrantes irlandeses de finales del XIX y principios del XX, le fueron añadiendo elementos, como lo de la calabaza (que en principio era un rábano) por una leyenda de un borracho al que no querían en el cielo ni en el infierno, y que estaba condenado a vagar por los siglos de los siglos por el mundo, usando un rábano vaciado como candil, y una brasa del infierno (entregada por el mismísimo diablo) como única luz. Dado que los rábanos son pequeños y difíciles de vaciar, se cambiaron por las calabazas (un año de excelentes cosechas y demasiados excedentes).
Y, ahora, la vieja tradición vuelve al viejo continente de nuevo, transformada en una fiesta como todas las demás que nos vienen del otro lado del charco… mercantilizada y deformada… pero que, en esencia, viene a se una excusa como otra cualquiera para disfrazarse un poco y pasarlo bien.
Y con menos sacrificios humanos, que siempre es de agradecer.
Sed buenos.
PD.- Aunque estoy en contra de la fiesta de Halloween, ya que mis raíces celtas están muy olvidadas, creo que esta noche saldré a celebrarla… a ver si conozco alguna bruja…
