
Una supernova
Hola amigos.
Por continuar un poco con el tema de la astronomía empezado con los problemas sociales de algunos planetas que abordamos en la portada Sobre Plutón del 29 de Agosto, hoy nos introduciremos en otro fascinante tema relacionado con el espacio sideral. El pasado 18 de Febrero los astrónomos estaban muy contentos. O todo lo contentos que pueden estar unos señores empollones gafotas y acusicas, que trasnochan más de lo normal y conocen a pocas chicas. Resulta que una supernova estalló, como quien dice, en nuestras mismas narices… y eso es algo que no ocurre todos los días.
Para que nos entendamos: Cuando una estrella (como por ejemplo El Sol) llega al final de su vida porque consume todo su combustible nuclear, puede terminar como supernova, colapsándose primero por su gravedad y explotando después en forma de erupción cósmica que ilumine (a su manera) toda una galaxia. Y eso fue lo que pasó el 18 de febrero. Inmediatamente todos los telescopios disponibles apuntaron sus lentes hacia la constelación de Aries (ascendente Leo) dispuestos a registrar cada dato que se produjera, “grabando” en riguroso directo cada segundo de explosión. Aunque en realidad lo de directo no es del todo exacto…
De hecho, realmente la explosión se produjo hace 440 millones de años, que es el tiempo que ha tardado la luz de la supernova en llegar a nosotros. Para que nos hagamos una idea, cuando la estrella hizo “ploff”, en la tierra no había casi de nada. Algún microbio perdido por la superficie rocosa y pelada y, en el mar, calamares, pulpos (sin pimentón) y sepias… o sus antepasados más parecidos. Los dinosaurios eran una bonita idea con grandes posibilidades de merchandising en la mesa de diseño de la Evolución, y el hombre… del hombre no se sabía nada. Había un único continente, llamado Pángea, y los días eran de 21 horas. Quizá no tenga relación alguna, pero casi a la misma vez (geológicamente hablando) que la estrella nos dejó, se produjo una glaciación terrible que terminó con el 25% de las especies vivas hasta el momento…
Así que, cuando miramos esas bonitas estrellas que iluminan el cielo en las noches despejadas y sin luna, realmente no miramos las estrellas en sí, sino la luz que emitieron hace miles de millones de años. Quizá ya no existan y tardemos unos cuantos millones de años en saberlo…
Sed buenos
