Hola amigos
La semana pasada ocurrió algo que pasa una o dos veces en la vida. Incluso, en ocasiones, hasta menos. Es algo de lo que todo el mundo habla. Algo sobre lo que se hacen incontables temas musicales y el argumento principal de cientos de películas, series de televisión y hasta seriales radiofónicos. Algo que queremos que nos pase siempre, pero que raras veces se logra. Efectivamente: Me enamoré.
Las puertas del metro se abrieron en plena hora punta y, de repente, me encontré contemplando al ser más perfecto que unos ojos imperfectos hubieran visto nunca. Vi lo que cualquiera esperaría encontrarse en el diccionario junto a la palabra “belleza”. De pronto comprendí lo que Miguel Ángel, DaVincci, y todos esos genios querían hacernos ver con sus pinturas. Lo que Neruda, Hernández y compañía, querían hacernos entender con sus poemas. De pronto entendí todas las canciones ñoñas, y dejaron de serlo. Y se hizo la nada. La nada que no fuera ella, claro.
Sus ojos azules, como dos profundos océanos en los que se reflejaban las estrellas más brillantes del firmamento, atrajeron de inmediato mi mirada, y deseé sumergirme en ese azul, navegar por esas aguas, hasta encontrar la isla del alma, donde, como si el tesoro de los piratas se tratase, reside todo el conocimiento de su ser, sus esperanzas y sus anhelos.
Desvié mi atención de sus profundos ojos, siguiendo su nariz pequeña y juguetona con mi vista hacia su sonriente boca, de labios llenos y rosados. De ahí a la barbilla sólo había un instante, y, siguiendo por la línea de la mandíbula, llegué a su pequeña oreja y alcancé su cuello, largo y blanco, por el que descendí en vertiginosa caída libre hasta la promesa de un cuerpo delgado pero muy femenino…
Una delicada y blanca mano, de dedos largos, apartó un rebelde mechón de su melena rubia, de un rubio tan rubio que parecía casi blanco, y se lo volvió a colocar detrás de la oreja, en un gesto casi infantil…
Un estrepitoso pitido y una marea humana la arrebataron de mi vista, y desapareció casi tan rápido como apareció. Se marchó sin que pudiera decir ni una sola palabra. Y, aunque la busqué desesperadamente, no la he vuelto a ver desde entonces…
Sed buenos.
PD.- Esto es ficción, por supuesto. Pero si alguien conoce a alguna mujer que coincida (parcial o totalmente) con la descripción, que no dude en presentármela… sobre todo para ver si la realidad supera la ficción.

