Existen tres temas recurrentes en mis charlas: Las feromonas, la religión y la historia. No temáis… No hablaré de religión ni de feromonas. Al menos de momento. De lo que sí hablaré, como otras muchas veces, es de historia, y más concretamente de prehistoria. Creo que muchos comportamientos actuales del hombre como especie, vienen heredados de nuestros antepasados más primitivos. Me explico:
En la prehistoria las tribus de humanos melenudos trasladaban sus casas al ritmo que marcaban las presas, en un deambular continuo por un mundo enorme e inhóspito. Los hombres morían jóvenes, en la flor de la vida (al menos según nuestros varemos actuales), por enfermedades extrañas (la gripe, por ejemplo, ha sido mortal hasta hace relativamente poco), enormes depredadores (el famoso Dientes de sable), y accidentes. La comida no estaba asegurada y se dependía completamente de los ciclos naturales, de tal forma que si la Madre Tierra era generosa, la caza era buena y la tribu prosperaba, pero si había sequía o plagas o cosas peores, la caza escaseaba y la tribu pasaba hambre, Pero aunque pueda parecer extraño no era una mala vida la del nómada. En realidad no había un hombre que fuera más que otro, todos trabajaban por el bien de la tribu. Y ya que hablamos de trabajar… se sabe que no dedicaban más allá de diez horas semanales a esto que llamamos trabajo (muy concentradas, eso sí).
Pero cuando el hombre inventó la agricultura fastidió el invento. De acuerdo con que se mejoró la alimentación de los ya no tan melenudos pero, a medida que las técnicas agrícolas fueron mejorando, se crearon excedentes. Se inventó el comercio y esto trajo como consecuencia la invención de la propiedad privada. Y esto, amigos, dividió la sociedad en dos clases: los que tienen más y los que tienen menos. Y para defender esas propiedades se creó el ejercito, que trajo las guerras (donde mueren los que menos tienen). Y para mantener esos ejércitos se inventaron los impuestos… y para pagarlos, se incrementaron las horas semanales dedicadas al trabajo.
Así que pensad en ello… cuando miramos el calendario buscando desesperadamente el próximo puente, cuando marcamos con círculos rojos todos los días de vacaciones de veranos, la semana blanca, la Semana Santa o simplemente envidiamos a los funcionarios por tener tantas vacaciones… ¿No estaremos añorando aquellos días en los que éramos melenudos nómadas y cazadores? Si es tan bueno trabajar: ¿Por qué no lo hacen los ricos? El estado natural del hombre es el ocio, lo que explica la depresión post vacacional…
Sed buenos y no trabajéis mucho.
