El calor en verano es muy molesto. Te aplasta contra el suelo y no encuentras el momento de quedarte quieto debajo de la primera sombra que aparece. Algo así pasó el sábado en el Aguilón:
Las pozas nos llamaban con voces susurrantes animándonos a meter los pies (primero) y el resto del cuerpo (después). Los altos pinos se conjuraron en nuestra contra y unieron sus copas ofreciendo una sombra sugerente y fresca, ideal para echar una cabezada (o dos) después de comer.
Pero la promesa de cervecitas frescas (con o sin limón) nos motivó lo suficiente como para retar al astro rey en su momento de mayor fuerza y tirar cortafuegos arriba, en pos de los coches y de Miraflores de la sierra. Eso sí, previo paso por las cascada del purgatorio, vistas desde una perspectiva privilegiada…
Ved las fotos…
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