Dicen que todo es cíclico. Que en la vida se repiten los acontecimientos una y otra vez, hasta un infinito que nadie conoce. Ya volvieron los pantalones de campana (de hecho están a punto de irse) y la moda de los ochenta cada vez nos parece más cercana… lo mismo pasa en Escapada. Hace un año, tal salida como la de esta semana, algunos estábamos metidos en el Tajo, entre cañones, y disfrutando de un deporte de los llamados de riesgo (aunque el mayor riesgo fue el de morir deshidratados mientras esperábamos a las piraguas).
Personalmente aquella escapada fue de alguna forma especial para mí. Se trataba de la primera escapada realmente multitudinaria que preparábamos (luego han venido otras muchas). Pasamos de ocho o diez escaperos a cuarenta. De dos habitaciones de una albergue (lamentablemente chicos en una y chicas en la otra) a quedarnos con todas las casas del complejo. De improvisar la cena en un restaurante de la zona, a encargar cuarenta menús y saturar el comedor, encargar comida y desayunos. De simplemente ir a andar a montar toda una actividad con equipo especial, monitores y grupos… en fin, toda una aventura organizativa.
Por causas ajenas a nuestra voluntad la cosa no funcionó tan bien como nos hubiera gustado. La empresa que nos tenía que instruir en las piraguas se portaron de una manera chapucera y la experiencia no fue del todo satisfactoria para todos… hubo protestas (muy razonables) y un fin de semana que en general fue muy bueno, se vio empañado.
Repetiremos y esta vez saldrá perfecto.
Ved las fotos.
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