A una primera vez sigue, casi siempre, una segunda. Y el que la segunda escapada (cuando todavía no sabíamos qué era una escapada) fuera justo la semana siguiente de la primera marcaba una tendencia clara: la de salir a la montaña regularmente.
Y nos lo tomamos en serio, algo realmente raro para la vieja guardia. Bromas aparte, esta segunda salida fue incluso más importante que la primera, porque marcó la tendencia que aún no hemos abandonado. Y el lugar elegido fue el Pontón de la Oliva, en Patones, una suave ruta junto al río Lozoya y sus meandros.
Durante la escapada, y la inevitable charla, se marcaron los puntos sobre los que se asienta la filosofía del grupo tal cual es hoy. Casi nada.
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