Si yo os digo que uno de los mejores libros que he leído nunca va de la reforma de Lutero, y de los movimientos religiosos de esa época, es posible que me miréis raro, o, al menos, con cierto recelo. Si, además, os digo que ese libro cuenta una historia que es como el 15-M del renacimiento, seguramente penséis que estoy obsesionado con el tema. Pero os prometo que es verdad. Q es una novela excepcional.
La reforma de Lutero no podría haber dado sus frutos si no fuera por la invención de la imprenta. La “democratización” del saber que supuso el invento de los tipos móviles del amigo Gutenberg, guti para los amigos, le quitó a la iglesia el monopolio del saber y lo puso a disposición del gran público.
Pero es que Q, además, es una novela de espías. Al igual que en el 15-M, en la reforma de Lutero, y en los diferentes movimientos populares que vinieron después, había agentes infiltrados. De hecho, Q es el nombre en clave de un espía del Papa, infiltrado en el movimiento y que, una y otra vez, consigue derribarlo desde dentro. Pero Q no es el protagonista, sino que el narrador es un hombre sin nombre, un eterno perdedor, que nos va relatando sus desventuras y cómo se da cuenta de que el Poder, con P mayúscula, se las arregla para evitar que los de abajo se quiten el yugo.
Pero no se marchen todavía, que aún hay más. Q nos describe el funcionamiento de la Banca veneciana, cómo se inventaron las letras de cambio y el sistema bancario actual. Y nos describe con maestría los entresijos de los juegos de poder de las altas esferas.
¿Quién ha escrito semejante obra maestra? Pues no se sabe. Lo firma Luther Blisset, que es el pseudónimo de un grupo de “terroristas intelectuales” entre los que se cree que está Umberto Eco.
Q -
784 páginas Lengua: CASTELLANO Encuadernación: Tapa blanda bolsillo ISBN: 9788497593588 Colección: - Edición:1ª Año de edición:2003
Primera ruta del 2012. Ruta de reencuentro montañero, después de la última, en Peña del águila, allá por el mes de septiembre. En teoría algo tranquilito. Pistas para pensar esto: proponer el camino Ortiz, que viniera una mujer embarazada (porquíto te queda ya, Alicia), y la presencia de una niña de 15 meses. Lo cierto es que la cosa prometía ser tranquilita.
Y hasta cierto punto fue tranquilita. Concrétamente hasta la pradera de Walpurgis. Luego ya no lo fue tanto. Decimos que, ya que el día era impresionante, de esos de finales de marzo, soleado pero no caluroso, mejor alargar la ruta que pasar el resto de la tarde delante de unas cañas en un bar. Así que… ¿Por qué no vamos a La Bola del Mundo? Se la veía ahí, tan “cerquita”.
La lección del día fue: Por muy agusto que estés en el Bar de La Bola, date prisa en bajar que se hace de noche. Y, bueno, otra lección: “cerquita” es sólo un efecto óptico.
A veces no hace falta una gran llamarada para que un fuego sea tremendamente destructivo. Y si no me creéis, preguntad a los habitantes de Centralia, en el norteamericano estado de Pennsylvania. En realidad no podéis preguntar a nadie en Centralia porque ya no queda nadie a quien preguntar, pero de haber alguien, seguro que os contaría la triste historia de su ciudad y cómo desapareció por un fuego sin llama.
Desde que el pueblo empezó a crecer alrededor de una pintoresca posada, allá por la época del lejano oeste, se podría decir que era una villa próspera que vivía de la extracción de carbón. Y fue precisamente en una cantera abandonada de carbón a cielo abierto donde los ciudadanos de la simpática villa decidieron situar su nuevo vertedero de basura. Una acción que resultó una mala idea, sobre todo cuando decidieron, años después, quemar la basura para hacer sitio. Corría el año 1962 y nadie le dio importancia a ese hecho.
Hasta que en 1979 empezaron a suceder cosas extrañas: fumarolas de gases, aumento espectacular de temperatura en el subsuelo, grietas… el incendio del vertedero había llegado a una veta de carbón de la antigua mina, veta que se extendía por todo el subsuelo de Centralia. La baja concentración de oxígeno había mantenido el fuego encendido durante más de 15 años, quemando poco a poco el carbón y aumentando la temperatura de la zona. Al poco tiempo el terreno empezó a ceder. Desaparecieron algunas casas, y hasta un niño se hundió en un socavón repentino. En 1984 el gobierno de EEUU decidió trasladar a todos los habitantes del pueblo por ser imposible de apagar el fuego subterráneo.
Actualmente nadie vive ya en Centralia, el fuego subterráneo todavía arde y seguirá así por mucho tiempo, ya que se calcula que la veta tiene unos 13 kilómetros de extensión y contiene suficiente carbón para arder durante 250 años más. El lugar sería la localización perfecta para una película post apocalíptica, si no fuera porque hay peligro de hundimiento y no es seguro caminar por allí.
¿A qué viene todo esto de Centralia y el fuego sin llama? Pues muy sencillo. Mucho se está hablando en el entorno del movimiento 15M sobre bajar el ritmo de las movilizaciones por un tiempo. Algunos, entre los que me encuentro, creemos que ha habido un exceso de movilizaciones y que la ciudadanía da muestras de cansancio. Otros, por el contrario, quieren aumentar todavía más nuestra presencia en las calles.
Yo creo que tenemos que ser un poco como el fuego que consume Centralia. El 15M y la explosión de participación que ocurrió las semanas posteriores, sería equiparable a las grandes llamas que consumieron el vertedero: un gran fuego. Pero ahora nos toca ser un poco como la veta que prendió allí: seguimos quemando, poco a poco, extendiendo nuestros contactos, sin parar de trabajar, socavando el subsuelo debajo de los pies del sistema. De vez en cuando, una fumarola, un socavón repentino, delatan nuestra presencia. Pero seguimos quemando en silencio.
Pero no nos equivoquemos, no se trata de quedarse en el subsuelo. Cualquier fuego, aunque parezca apagado, en cuanto se le aporta algo de oxígeno vuelve a surgir con fuerza. El nuevo gobierno está empezando a soplar, así que quizá no tengamos que esperar mucho.
Este no es Diego. Es su doble de escenas de riesgo.
Hola amigos.
Como si fuera esa dirigente del PP que acumula y desempeña 13 cargos (y cobra de todos ellos), yo no hago más que añadir nuevas ocupaciones a mi currículo. No me bastaba con ser Ex presidente de mi comunidad y actual vocal, bloguero, Editor, Guionista, Director de cine, Productor ejecutivo, monologuista, guía de montaña, Portavoz de Democracia Real Ya, buen profesional y mejor persona. Ahora me han dado una nueva ocupación: Ser tío.
El pasado sábado 17 de diciembre, a eso de las 9 de la noche, nació Diego, mi sobrino. Es pequeñito, incluso para ser un recién nacido, y de momento no hace grandes cosas. Sólo duerme y come. Y llena pañales de algo que, por más que se le llame “caquita”, no deja de ser desagradable. Pero es lo normal, sólo tiene unos días y tiene mucho peso que ganar. Una encuesta rápida entre los miembros de mi familia ha dado como resultado que es el niño más guapo del mundo. También decían lo mismo de mí, así que las encuestas no tienen por qué acertar, aunque en este caso hay muchas posibilidades de que acierten.
El tío. Es un cargo importante. No tanto como el de padre, claro. Es más, de entre los cargos familiares, el de tío es el más fácil. O sea… no hay que educar al niño, porque eso es cosa de sus padres. Tampoco hay que mimarlo mucho, porque eso es cosa que sus abuelos. Ser el tío es más como… no sé, como ser un colega, pero de más edad. Responsable, pero sin pasarse. Adulto, pero sólo lo suficiente. Yo me veo como el tío guay. Y como de momento no entra en mis planes el cargo de padre, ser tío me puede brindar la posibilidad de enseñar al crío todos mis trucos. Los dos que tengo.
Ahora en serio, no sé muy bien en qué consiste el cargo de ser el tío de un niño pequeño. Supongo que ahora, mientras es una condenada máquina de comer y cagar, mi función es más la de no estorbar mucho y la de decirle cosas en un tono agudo en los breves instantes que esté despierto. Pero no está mal, porque hasta que el niño haga más cosas, tengo todavía tiempo de prepararme para cuando empiece a hablar y quiera saber el por qué de todo.
En fin, que eso, que soy tío.
Sed buenos.
PD.- Tengo la sensación de que no voy a cobrar un duro por el cargo de tío, sino todo lo contrario: me va a tocar aflojar la pasta… como si lo viera.
Estaba ojeando el periódico en el bar, como hago siempre que puedo, cuando leí el titular “¿Qué son los Mini Jobs?”. Enseguida me vinieron a la mente unos muñequitos de Steve Jobs, el dueño de la empresa de la manzana, en chiquitito. Algo así como el clon del “Doctor Maligno”, el malo de Austin Powers, conocido como “Mini yo”. Pero en lugar de “Mini yo”, se llamaría “Mini Jobs”. Una gran idea. Pero pensé: ya hay un listo al que se le ha ocurrido una manera de sacar dinero. Imagináos a un Steve Jobs en chiquitito en mil y una poses: Mini Jobs esquiando, Mini Jobs navegando en un minibarcco, Mini Jobs hablando por un miniteléfono. Pues aunque esto os pueda parecer una chorrada, que lo es, fue lo que pensé. Lo triste es que, leyendo el artículo, no andaba yo muy desencaminado: hay unos listos a los que se les ha ocurrido una manera de sacar dinero, más dinero se entiede: a los cachondos de la CEOE.
Ellos, que de lo único que presumen de tener pequeño es el móvil y de tener muy muy pequeña la ética, se han sacado de la manga este nuevo tipo de contrato para fomentar el empleo juvenil. O eso dicen ellos. Se trataría de contratos de no más de 15 horas y con derechos limitados, como por ejemplo el derecho a paro o la jubilación (que iría aparte y a costa del trabajador), en los que se podría cobrar como máximo 400€ al mes. Vamos, lo que se dice una bicoca.
Viene de Alemania, dicen, y si los alemanes lo hacen debe de estar bien. No lo digo yo, lo dicen los de la CEOE. Allí dan trabajo a casi siete millones de alemanes, la mayoría estudiantes que se quieren sacar unos durillos y jubilados que complementan su pensión y pasan el rato. Además, añaden, en los tiempos que corren es mejor un minijob que nada.
El problema del paro no se resuelve con contratos de jornada parcial. Si así fuera, el problema del paro ya estaría resuelto, porque contratos a jornada parcial ya hay. El problema del paro es un problema de baja demanda. Si no hay pedidos que atender, no se necesitan trabajadores que fabriquen nada. Un empresario no contratará a nadie, a tiempo parcial o a tiempo completo, si no tiene ventas. Y las ventas no se hacen si no hay dinero en la calle. Con la prácticamente nula existencia de crédito, porque los bancos ven más rentable otro tipo de inversiones (como es la compra de deuda pública soberana, ya que el BCE les presta el dinero al 1% y ellos compran deuda de los países como España al 6%, deuda que estamos obligados a pagar lo primero de todo gracias a la última modificación de la constitución), las empresas no tienen liquidez para contratar los servicios de otras empresas. Con tantos recortes en los sueldos, congelación de pensiones o despidos masivos a precio de costo, el ciudadano no tiene dinero para adquirir bienes, o si lo tiene, prefiere guardarlo por si acaso vienen peor dadas.
Me niego a creer que los empresarios de la CEOE no sepan esto. No son tontos. Es más, son muy listos. Debido a que los Minijobs no tienen casi cotizaciones sociales, o corren a cuenta del trabajador, resulta más barato contratar a tres personas con este tipo de contrato en lugar de a una persona con contrato a tiempo completo. Sumado al contínuo abaratamiento del despido, lo que se puede conseguir es que los trabajadores a tiempo completo sean sustituidos por minitrabajadores. Efectivamente bajemos el paro, pero a costa de convertirnos en esclavos, ya que un sueldo de 400€ no es suficiente para vivir. Para poder subsistir habrá que concatenar varios minitrabajos en la jornada, por lo que el resultado final será que el trabajador tendrá más horas, menos sueldo, y habrá renunciado a sus cotizaciones sociales, al paro y a la jubilación. Una medida que además de aumentará la temporalidad todavía más.
La solución al paro pasa por el reparto del trabajo existente, por la vía de la reducción de horas de trabajo, pero ganando lo suficiente para vivir con dignidad. Si a eso lo quieren llamar “Minijob”, que lo llamen como quieran.
Imagínate, puestos a imaginar, que tienes cincuenta años, un trabajo mediocre como profesor de química de un instituto que no te da para llegar a fin de mes, por lo que tienes que complementar con otro trabajo a tiempo parcial limpiando coches. Y casi no da para mantener a un hijo con parálisis cerebral y a una mujer embarazada de ocho meses que vende cuentos por eBuy. Y no vende muchos. Para colmo de males, una pertinaz tos seca es en realidad un cáncer de pulmón casi terminal. ¿Qué harías?
Esto, que podría ser perfectamente el argumento para una película “basada en hechos reales” de las que echan en en Antena 3 después de comer, es el punto de partida de “Breaking Bad”, una serie que os recomiendo ver.
Walter White, que es como se llama el protagonista, toma una decisión que a todas luces es extrema y equivocada, empujado por su situación económica, su ausencia de seguro médico (que en EEUU es obligatorio para ser atendido en un hospital, sobre todo si el tratamiento es contra el cáncer) y la necesidad de dejarle más o menos resuelta la vida a su familia: aprovecha sus amplios conocimientos de química para cocinar metanfetamina, una droga sintética. Claro que, cocinar droga no es una gran decisión, sobre todo si tu cuñado es agente de la DEA, la agencia antidroga estadounidense.
Este es el punto de partida, pero luego la cosa se complica, como es natural. A destacar el trabajo del actor Bryan Cranston, que da vida de una manera magistral a Walter White y, aunque el papel es dramático, consigue darle un punto de humor a su personaje. Os aconsejo que la veáis. Mucho mejor que no verla, dónde va a parar…
Yo hay cosas que no llego a entender, por más vueltas que le doy. Para empezar, en Durban, la ciudad sudafricana donde todos los países del mundo están en plena cumbre para ver cómo se para ese del cambio climático, los principales países productores, que son los más contaminantes, no están por la labor de ratificar el protocolo de Kioto. Que sí, que el calentamiento global está ahí, bueno, casi seguro que sí… pero que sean los demás los que empiecen a pararlo, que a mí me da la risa. Y nadie pone en práctica los recortes… los del CO2, porque en los otros, los económicos, no hay tanto reparo en aplicarlos.
Los científicos son unánimes. Los estudios sobre la relación entre el cambio climático y el aumento de los gases de efecto invernadero se multiplican por doquier. Incluso un conocido negacionista, como es José María Aznar, también se ha apuntado al carro del Cambio climático. Así que… ¿Si todos estamos de acuerdo en que el mundo tal y como lo conocemos se va al carajo… por qué no hacemos algo? Si hay que poner dinero, pues se pone, digo yo. ¿O no se puso encima de la mesa una cantidad indecente de dinero para salvar a la banca? Bueno, vale, me he pasado… la banca es mas importante que el planeta entero.
Por otro lado, y por si el cambio climático no fuera suficientemente grave, en lo que los países occidentales están casi de acuerdo ya es en ir a la guerra. Guerra de esa con ataques aéreos, línea del frente y muchos daños colaterales. Miles de daños colaterales. Sólo queda ver cuando. Porque, amigos, que vamos a la guerra no lo digo yo, es un hecho. Sólo hay que leer entre líneas. A veces ni eso.
Para que haya una guerra hace falta que dos estén implicados. Dos no se pelean si uno no quiere, dice el dicho, pero eso no es del todo cierto, ya que no necesariamente los dos tienen que liarse a bombazos… sólo tiene que haber uno que las lance… pero eso sí: otro las tiene que recibir. Y el que las va a recibir, pero a base de bien, será Irán. Y ya han empezado las hostilidades a pequeña escala: desde el ataque a la embajada británica, con su correspondiente retirada de personal diplomático hasta el derribo de un avión espía en Irán.
¿Por qué Irán? Irán tiene todas las papeletas: es la segunda reserva mundial de petroleo, detrás de Arabia Saudí. Está gobernada por un señor que no es muy amigo de los occidentales, ni de las periodistas sin pañuelo en la cabeza. Geográficamente se encuentra entre Iraq y Afganistán, conocidas por tener muchas tropas internacionales ya preparadas, y tiene frontera con Turquía y con Pakistán, dos aliados occidentales deseosos de caer bien. Además, Irán no tiene deudas económicas con nosotros y tiene acuerdos bilaterales con China. Y China, amigos, es el verdadero “enemigo” al que combatir. Irán sólo es la excusa.
Me explico. Para empezar, cuando digo Occidente, me refiero a EEUU y amigos, entre los que nos encontramos nosotros. Y no os descubro nada nuevo si os digo que el sistema económico actual está moribundo. Las políticas “neoliberales” aplicadas para salir de la crisis no han hecho sino empeorar las ya de por sí maltrechas economías occidentales. Los bancos piden más dinero para cubrir sus pérdidas y todavía no ha llegado el tsunami de los seguros de impago (los CDS), que puede hacer que lo vivido hasta ahora parezca una verbena veraniega. El mundo está en quiebra y hay que tomar posiciones para hacerse con el control de los recursos naturales, la autentica riqueza. Recursos que tiene comprados en su mayoría el gigante asiático. China se ha dedicado a comprar de todo, desde terrenos cultivables en África hasta cobre en Chile o petróleo a Venezuela e Irán.
La pregunta lógica es: Si lo que se busca es quitar a China los recursos… ¿Por qué se ataca a Irán? Pues por la misma razón por la que durante la guerra fría EEUU y la URSS se enzarzaron en guerras locales en Afganistán, Vietnam, Corea… aunque China ha advertido que si se toca a Irán, no se quedarán quietos. Y si eso pasa… si eso pasa tenemos en bandeja de plata la Tercera Guerra Mundial.
Ya sé lo que pensáis: ya está este tío con sus chorradas. Pues estoy hablando en serio, sin que sirva de precedente. La guerra contra China es interesante, no para nosotros como personas, sino para nosotros como “occidente”. China, además de tener muchos de los recursos naturales del mundo, tiene en su poder la deuda de muchos países, entre los que se encuentran EEUU o nosotros. O sea que, si al final los primos de Zumosol se enzarzan entre ellos por el primo (en su sentido más peyorativo) de Irán, el resultado real es que esa deuda no hay que pagarla. Y, oye, dinero que te ahorras. Eso sin contar la reactivación económica que supone la guerra y el hecho de que se desvía la atención del público de los recortes sociales. Morirá gente, claro, como en todas las guerras… pero eso es inevitable.
Así que, en el fondo les entiendo. La guerra reactiva la economía, quita las deudas y, teniendo en cuenta que tanto Irán como China tienen armas nucleares… ¿Quien coño quiere perder el tiempo con el medioambiente en Durban?
Kirsten Dunst, haciendo de María antonieta, en su versión cinematográfica
Hola amigos.
Dicen las malas lenguas que días antes de recibir una lección práctica en sus propias carnes del “Efecto Que La Ley De La Gravedad Ejerce En La Cuchilla Bien Afilada De Una Guillotina Cuando Se La Deja Libre Y Un Cuello Se Interpone En Su Camino”, la Reina María Antonieta, al enterarse de que las protestas de los pobres delante de su palacio de Versalles eran porque no tenían pan que comer, dijo: “Que coman pasteles”. Parece ser que no estaba muy enterada de lo que pasaba en “la realidad”. Después de darle un par de vueltas supo a lo que se referían. Despues de que su cabeza diera un par de vueltas plaza a bajo, quiero decir.
Algo así le debe de pasar a algún que otro político. O sea, que no se enteran de lo que pasa en la realidad del común de los mortales. Lo puntualizo porque a lo mejor no queda claro el sentido de la frase y pudiera parecer que quiero que apliquen la guillotina a algunos políticos. Eso no. Yo es que soy más de garrote bil.
Ahora en serio: esto viene a colación por el tan traído y llevado impuesto del Patrimonio que el gobierno ha vuelto a activar, después de desactivarlo en 2007. Según la ministra de economía, Elena Salgado, el impuesto afectará a 160.000 contribuyentes y gracias a él se recaudarán 1.080 millones de euros. O sea: 160.000 personas tienen un patrimonio superior al millón de euros (700.000€ + 300.000€ de vivienda habitual). Lo que, a juzgar por algunas declaraciones, se puede denominar “clase media”. Según ha declarado Rajoy, muy fiel a su estilo de no afirmar ni negar nada:
Conozco a personas mayores que han heredado una casa y que viven a lo mejor de las rentas de esa casa. Con solo pagar patrimonio, se quedan sin ingresos. Dudo la justicia social de esta decisión.
Supongo que en su realidad, tener un patrimonio de un millón de euros es “lo normal”. A juzgar por lo que tienen sus señorías, y que hicieron público hace poco, lo es. En la mía no lo es. Además, por pura lógica, si 160.000 personas son la clase media de este país, el resto de habitantes hasta los 45 millones somos clase baja, lo que nos dejaría a la altura de una república bananera cualquiera. Oye, que a lo mejor tienen razón y somos una república bananera. Bueno… monarquía bananera, no se nos vaya a enfadar nadie.
O, quien sabe, a lo mejor es porque en esta patria nuestra no ha habido una guillotina como dios manda nunca y en el imaginario colectivo de los ricos franceses aún resuenan los botes de la cabeza de María Antonieta en el adoquín de la plaza. Que todo puede ser.
Llevamos ya unos meses de movimiento quincemayista, como lo definió el maestro José Luis Sampedro. Para los que hemos estado dentro, la cascada de acontecimientos ha sido tan grande y tan intensa que tenemos la sensación de que el 15 de Mayo ocurrió hace años. Pero lo cierto es que comenzó hace cuatro meses. Y la de cosas que han acontecido en este corto espacio de tiempo.
Desde los medios de comunicación se nos denomina “Indignados” en un velado homenaje al panfleto que escribió Stéphane Hessel titulado “Indignaos”. Aunque yo creo que en realidad ese “Indignados” de los medios es peyorativo: incide sobre un aspecto negativo de la movilización. La indignación lleva al enfado, el enfado al odio… y el odio nos lleva al reverso tenebroso. No me gusta que me llamen “indignado”, aunque lo esté. Creo que en cierta forma no se puede apelar a la enfermedad por el síntoma. A alguien que tiene fiebre no se le llama “febril” sino “griposo”. Es verdad que estamos indignados, pero ese es sólo uno de los síntomas, una manifestación de algo más importante. Nosotros somos ciudadanos “Informados”. Y la información nos produce una profunda indignación.
¿Cómo no indignarse al ver lo que ocurre a nuestro alrededor? Vemos como la gente tiene dificultades para llegar a fin de mes; que cada vez hay más personas que sufren el paro o la precariedad laboral, como hay personas que pierden sus casas; vemos como los representantes elegidos por nosotros acatan las órdenes que les vienen desde fuera; cómo se protege a los bancos inyectándoles miles de millones de euros mientras nos los quitan de cosas hasta ahora básicas, como lo educación o la sanidad; somos testigos de recortes en las pensiones, en el sueldo de funcionarios, mientras ellos, los políticos, se suben sus salarios sin sonrojarse; nos enteramos de que se han construido infraestructuras inútiles, aeropuertos en los que no aterriza ningún avión, AVEs que no llevan pasajeros, autopistas por las que no circula ningún coche, sin que los responsables políticos tengan que rendir cuentas ante nadie. ¿Cómo no estar indignado?
Si el verano fue calentito, el otoño lo va s ser mucho más. Pero como no todo va a ser “indignarse” en la vida, también hay que darse una alegría de vez en cuando. Por eso Democracia Real Ya! organiza este viernes 16 de Septiembre una fiesta en el Patio Maravillas(C/ Pez 21, Metro Noviciado), con la idea de recaudar fondos para financiar las muchas movilizaciones otoñales. Empieza a las 7 de la tarde y termina a las 12 (a fin de no molestar a los vecinos). Espero veros a todo allí.
Sol y calor son dos adjetivos que definen perfectamente la ruta que hicimos el sábado. También podría definirla como “femenina”. Y no por subir a La Peña del Águila, sino porque ellas fueron mayoría. No las águilas ni las peñas, que de las primeras sólo vimos una y de las segundas muchas más. Sino por el número de mujeres. Ahora en serio: puede que sea la última ruta con sol y calor del verano. De seguro que va a ser la última ruta del verano.